Sin nostalgia de la Movida

hipster

Y después de ver la exposición sobre la Movida en el museo ABC, lo piensas e insistes en tu postura: yo no siento nostalgia de no haber vivido esa época, que de una vez por todas deberíamos superar. No lamento el haber sido sólo una niña en aquel momento y haber disfrutado nada más que de La bola de cristal.

Mola ver el guion de Qué he hecho para merecer esto y su hoja de producción, el de Arrebato, la partitura del Bote de Colón y los recortables de Martirio, entre otros objetos curiosos, las primeras obras de Sigfrido Martín-Begué y de Guillermo Pérez Villalta, lo poco que han cambiado el diseño de las portadas de las revistas de mayor tirada y el mítico Deseo Carnal, de Alaska y Dinarama.

Pero ya que hablaba del clima cultural de la época, que reconozcamos que es lo más notable de la Movida, su capacidad de apertura y de epatar frente a esos setenta encerrados políticamente en sí mismos, también eché en falta al equipo Crónica, al cine quinqui de Eloy de la Iglesia con Pirri y José Luis Manzano y a grupos como Derribos Arias, Polanski y el Ardor y Os Resentidos (si hablas de la conexión con Vigo y mencionas a Golpes Bajos y Siniestro Total, ellos también deben estar).

Pero yendo más allá de esas referencias culturales que has ido adquiriendo con los años (saberes mostrencos, como decía uno de mis profesores de la facultad), reconozcamos que los ochenta tienen más de icónicos que de calidad, si tenemos en cuenta lo que realmente ha perdurado de ellos. Los ochenta son un recopilatorio de one-hit wonders que se han diluido en el olvido y en algunos casos recordamos a los más desgraciados porque nos encantan los artistas que mueren jóvenes y dejan un cadáver bonito. Para qué vamos a retener en nuestra memoria a Esclarecidos, aunque hayan dado a uno de los mejores productores de este país en los últimos años como es Suso Saiz.

Y además, haberlos vivido hubiera supuesto ir hecha una destrozona: todas las noches debemos rezar a Nuestra Señora del Abrigo de Pana para que no vuelvan esas horteradas, las maxihombreras, las faldas cancán de gasa, el pelo cardado y el colorete cortando las mejillas, por no hablar del gasto inútil en medias rotas. ¿De verdad que te apetece?

Mamarrachadas las justas.

[Imagen: Nabos Flourescentes]

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Esta entrada fue publicada el 30/08/2013 a las 10:00. Se guardó como Reflexiones y etiquetado como , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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