Cuatro cosas que me enseñaron la vida, el trabajo y el sexo y no el coaching

Probablemente más de uno sabrá que el coaching y yo no somos muy amigos, que creo que todas estas terapias son un apaño al déficit de escucha que padecemos últimamente. Lo que no saben muchos es que durante casi tres años estuve trabajando en una empresa que se dedicaba a ello, corrigiendo sus manuales. En teoría, debería haber frecuentado más cursos de los que impartían y lo cierto es que me dedicaba a la abstracción mental cuando me tocaba ir a alguno porque me aburría: es lo que tiene el no creer en ello y el saberse las teorías después de varias correcciones.

Lo curioso es que al cabo de los años me he dado cuenta de que he aprendido ciertas cuestiones que se relacionan con el coaching. O no, porque no son fruto de él realmente, sino de haber cumplido unos cuantos años y de haberme parado en más de una ocasión a pensar/verbalizar lo que hacía. Al principio era en cuestiones relacionadas con el trabajo, en otras ocasiones era con temas de sexo (por englobar algo más que el amor) y en general con la vida, porque al final todo forma parte de ella.

Y sí, hay cuatro cosas que deberías aprender por ti mismo dándote cuenta de tu vida:

  • es complicado, porque a veces sientes que traicionas al otro, pero piensa en ti, en tu criterio, en tus razones: aprende a decir que no
  • probablemente te sorprenda que tus padres sean reacios a usar el ordenador, un smartphone o qué se yo, pero fíjate también en ti, en lo que te cuesta aceptar las modificaciones de la interfaz de Facebook y Twitter o admitir que se ha acabado lo que sentías por alguien: no te resistas al cambio
  • dicen que la queja es mala pero nunca te dicen a partir de cuánto. Lo es desde el momento en que todo es horrible, no le das la vuelta a la tortilla y te conviertes en una víctima del mundo: haz que tu crítica sea constructiva y no autodestructiva
  • muchos quieren ser el centro, ser los líderes de algo, pero para serlo tienes que tener unas capacidades innatas, porque no todos hemos nacido para ocupar el mismo papel: reconoce qué es lo que se te da bien, qué es lo que te falta, y probablemente lograrás lo mejor con otros.

Seguramente pensarás que todo esto es fruto de lo que leí y puede que algo quedara, pero realmente es el resultado de tres cosas que últimamente olvidamos hacer de verdad: observar, escuchar y conversar.

[Imagen: Lector constante]

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Esta entrada fue publicada el 27/11/2012 a las 11:33. Se guardó como Reflexiones y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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