Dora emprendedora en el taller de PNL

Nos comportamos de forma extraña con los niños: nada más nacer les hacemos socios de nuestro equipo de fútbol sin saber si preferirá el baloncesto, les hablamos como si fueran imbéciles, les inculcamos estereotipos sobre qué es un niño o una niña sin atender a lo que verdaderamente quieren, cubrimos nuestra cuota de frustraciones en sus actividades extraescolares… Parece que es que los niños son algo raro, cuando simplemente son niños, personas en edad de jugar, de comerse los mocos y de disfrutar de ese extraño placer que hemos sentido todos arrancándonos las costras de las rodillas.

Sin embargo, algo extraño nos ocurre. O es que sentimos envidia y/o nostalgia de aquella edad o es que olvidamos cómo éramos de pequeños, pues parecemos obcecarnos en hacerles llegar a la edad adulta antes de tiempo, sin tener en cuenta todo lo que ocurrió en nuestras vidas hasta que cumplimos los 18 años. Ser el gordo de la clase, la empollona, la niña a la que todas quieren parecerse, el más macarra de la hora del recreo, la hormona se apodera de ti… Son muchas fases por las que has de pasar para ser lo que hoy eres, algo completamente distinto de lo que eras si te paras a pensar.

Pero algo falla. Algo debe ser que a muchos no les cuadra o que hay sacar beneficio como sea. Si hace unos años flipé porque cierta empresa especializada en coaching y PNL hacía un campamento para niños sobre este tema, este año creo tener un déjà vu con otro campamento infantil enfocado, en esta ocasión, en formar a los pobres niños sobre cómo emprender. ¿Nos estamos volviendo locos? Ni siquiera somos capaces de inculcar en los niños un espíritu crítico o unas mínimas inquietudes porque se lo damos todo hecho y ya queremos que sean como nosotros: miniemprendedores, miniexhibicionistas de sus complejos. ¿Para cuándo les abriremos una hipoteca en el banco en vez de una cartilla de ahorro para que sean calcaditos a todas nuestras miserias?

No, no me gusta: no creo que sea lo más adecuado. Hay edades mucho más apropiadas para tratar estas cuestiones pero, sobre todo, me parece peligroso. Si una clase de primaria o de la ESO ya es un mundo completamente polarizado de líderes, séquitos e ignorados, darles armas para reforzar estas posiciones de poder es como darte una pistola para que te suicides o para que mates al más débil. Son razones extra para creerte el dios de tu clase o la última mierda, que ya bastante tiene con pasar desapercibido, sufriendo lo justo.

Edúcales, enséñales a respetar, a pensar, a ponerse en el lugar del que está enfrente, a decidir: no le conviertas en un fracasado de 11 años.

[Imagen sacada de Desde mi ventana]

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Esta entrada fue publicada el 24/08/2011 a las 12:04. Se guardó como Reflexiones y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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