Mi privacidad es mía, no tuya

Al igual que se hizo eco de la heroica acción de los bomberos que entraron en casa de la señora que se encontraba mareada, el próximo verano El Norte de Castilla dará la noticia de la única persona que se leyó los términos y condiciones generales de uso de cualquier página de internet y se sospechará que es la misma persona que pulsó el botón de “no, soy menor de 18 años”.

Esto es así. Igual que no nos leemos las instrucciones de cómo usar la televisión o el reproductor de dvd, no nos leemos las condiciones de uso, porque son muy largas, muy tediosas de leer, porque creemos que es algo legal razonado y razonable. Y dentro de un orden lo es. El problema es que de un tiempo a esta parte, la máxima de que “el sentido común es el menos común de los sentidos” está cada vez más presente y nos ha invadido el exhibicionismo del todo vale.

Y no, a mí no me vale. Si tú quieres cagarla publicando fotos de tu última noche de farra en la que acabaste como Lindsay Lohan, si no filtras tus contactos, si haces gala de tu ignorancia a los cuatro vientos, si no sabes mentir porque te autodelatas en el foursquare o en el facebook… perfecto, es tu problema, es tu decisión: es tu vida y puedes destrozarla de la manera que mejor te parezca. Pero la mía no: mi privacidad es mía, no tuya, y decido sobre ella.

Afortunadamente hay de todo y muchos optamos por la prudencia, aún a riesgo de que nos llamen paranoicos porque no nos gusta que nos etiqueten en determinadas fotos de Facebook o Tuenti o porque siga sin convencernos el hecho de no poder borrar gente en Google+. Sin embargo, hay personas que opinan que las redes sociales están concebidas para compartir todos los aspectos de tu vida y que sólo nos amparamos en la privacidad para ocultar aquello de lo que nos arrepentimos o qué se yo. Y nos preguntan “¿qué ocultas?”, prejuzgándonos, pensando en que van a encontrar algo vergonzoso detrás de una cláusula.

Es, simplemente, la necesidad de una habitación propia como diría Virginia Woolf en la que decidir sobre nosotros mismos, sobre lo que queremos que se sepa, lo que queremos que quede a salvo para confortarnos en determinados momentos, lo que queremos que no sea opinable, lo que queremos que sea nuestro y de nadie más. Son nuestras relaciones, nuestras dolencias, nuestros datos personales y todo aquello que consideramos que no debe ser de dominio público. Por una sencilla razón: porque lo que tú ves en las redes sociales es lo que yo quiero que veas, tanto si es una parte como si es todo; es una simple apariencia, es nuestra máscara, nuestro personaje en el gran teatro del mundo. Y no tenemos por qué ser la Belén Esteban del mundo 2.0.

[Imagen sacada del tumblr de Flores Secas]

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Esta entrada fue publicada el 22/08/2011 a las 9:54. Se guardó como Internééé y etiquetado como , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

6 pensamientos en “Mi privacidad es mía, no tuya

  1. Completamente de acuerdo. Me llamen prudente o paranoica, sigo prefiriendo no exponer todo mi yo en la red, y elijo qué mostrar y qué preservar para mí, o si puedo ser encontrada por antiguos compañeros del colegio o no. Mi vida es mía, y no quiero tener una cámara de Gran Hermano colocada en un casco de minero grabando todo lo que hago.

    ¡Un abrazo! 🙂

  2. theogonist en dijo:

  3. Quizás estoy de acuerdo, quizás no. No me he formado una opinión válida todavía. De hecho, leí la entrevista con Tao Lin y casi me convenció.
    http://www.elpais.com/articulo/portada/Muchas/entradas/Twitter/inspiran/cualquier/novela/elpepusoceps/20110821elpepspor_5/Tes

    • Mmmm… tiene razón en lo que dice pero, ¿hasta qué punto es él mismo y no es su máscara, su personaje? Creo que compartir está bien pero no podemos perder de vista el grado de impostura que hay en todo esto.

  4. Totalmente de acuerdo y todos los que tanto hablan de reputación online se refieren en el fondo a esto, a saber gestionar nuestro yo online.

    Me recuerda a cuando he vivido en el extranjero y muchos españoles me preguntaban de qué huía. Porque sólo existe una razón para abandonar tu país de origen: huir de algo o alguien (y más de España). Nunca me han planteado esta pregunta las personas de otras nacionalidades que me he cruzado en la vida.

  5. Tinejo en dijo:

    Totalmente de acuerdo, pero es innegable que al primer traspiés quedas vendido, porque cualquier acción en la red es una decisión con carácter bilateral, en la que el desconocimiento del las condiciones contractuales, siempre y cuando se ajusten a las normas generales de contratación, no exime de su incumplimiento o, en este caso, imposición. Hay que andar con ojo, con mucho ojo. Y no perder el norte, salir más a la calle y vivir en el mundo real, el de los cinco sentidos.

    http://casaquerida.com/2011/08/22/la-luz-oscura-de-libia/

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