Yo soy feminista para dejar de serlo

La frase no es mía: se la escuché a alguien en la radio, no recuerdo a quién, pero fue la que me hizo ver que yo también lo era.

Me pasé muchos años de mi adolescencia negando que lo era porque no me gustaba la gente que decía serlo. No podía hablar entonces de mi conflicto particular con el feminismo de la igualdad y el de la diferencia (ni siquiera los conocía) sino con la actitud de muchas personas que hablaban de ello por puro egoísmo, por luchas que no iban más allá del beneficio individual, inconstantes y volátiles. Las observaba y las veía dentro de unos años casadas y llenas de niños, pensando nada más que en el menú de la semana y en los vales descuento de productos de limpieza. Y dije que yo no era parte de ese feminismo de Mercadona, de consumo fácil, de oferta de 2×1.

Afortunadamente creces (en muchos sentidos), conoces a muchas personas y amplias tus perspectivas: reconoces que eres feminista y que, desde hace tiempo, desde que naciste prácticamente, a ti no te han educado como al resto. Aparentemente, fui una niña como cualquier otra, la más pequeña por parte de mi madre y la mayor por parte de mi padre, con agujeros en las orejas casi desde que nací, con unos vestiditos divinos, con gorritos a juego y demás parafernalia, pero a mí me han educado para valerme por mí misma, para ser una persona, independientemente de lo que haya entre mis piernas.

De pequeña yo tuve Barbies (muchas, la verdad), pero también tuve tres mecanos y disfruté jugando tanto con una cosa como con otra. Desde que yo recuerdo, las labores domésticas han sido cosa de todos porque todos pasábamos el mismo número de horas fuera de casa. La primera camisa que yo planché fue con mi padre, una de las veces en que él estaba en paro, en la que los dos decidimos que había que probar, que ya que mi madre trabajaba, nosotros debíamos encargarnos de la casa. Mi madre le planteó a mi padre en más de una ocasión, en la que encontrar trabajo era complicado, que se quedara en casa: no hubo ninguna crisis de hombría, sólo cálculos sobre si económicamente nos era factible.

Los dos me han enseñado a cocinar; mi madre me ha enseñado a coser, mi padre me ha enseñado a arreglar enchufes. Mi madre me ha hecho un ajuar para cuando me vaya de casa, sola o acompañada, da igual; mi padre se atreve a opinar de hombres y nos consulta si tal o cual son guapos. Las confidencias se las reparto. Mi madre siempre me dice que “nunca te tienen por buena sino por tonta”; mi padre me recuerda que “el que golpea primero golpea dos veces” y que para evitar lesiones en los puños, des puñetazos con un mechero o un cartucho de monedas dentro de los dedos.

El problema es que sales a la vida y pocos entienden que no seas lo “esperable femenino”. ¿Tengo que aguantar que me cortejes como a todas? No, no me gustan los rodeos: me gusta tomar la iniciativa. Igual que paso de ir de compras, que prefiero a partes iguales ciertas comedias románticas y las pelis bélicas, que sé leer mapas, que no me importa reconocer que consumo porno de vez en cuando y que me molesta profundamente el uso del género inclusivo, que me siento insultada cuando se usa porque me siento en una especie de ghetto gramatical.

Por muchas de estas cosas, me siento obligada a decir ciertas cosas, por aquí, por Twitter o en el Tumblr: para chocar con la gente y hacerles ver que otro modelo es posible. Treinta y un años con mis padres me demuestran que la igualdad es posible, que todo es una cuestión de educación, así que quiero romper ese modelo tan cuadriculado de lo que es un hombre y de lo que es una mujer, que cada uno sea como quiere ser y no como se espera.

Y no, no soy #feministaentwitter porque yo soy feminista siempre, hasta que deje de haber razones para serlo; porque yo soy feminista con lo que hago cada día y no con declaraciones de intenciones.

[Imagen extraída del tumblr I killed Jack Johnson]

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Esta entrada fue publicada el 27/07/2011 a las 12:27. Se guardó como Feminismo troll y etiquetado como , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

5 pensamientos en “Yo soy feminista para dejar de serlo

  1. Lo suscribo palabra por palabra. Te ha salido un manifiesto coherente, ameno y lleno de lógica.

    Ole.

    Besos feministas,
    Lady Vaga.

  2. No puedo estar más de acuerdo. Hay que reivindicar el feminismo sin estigmas, que será muy saluldable.

  3. MIL GRACIAS a padres como los tuyos.

  4. xme en dijo:

    ederra eta egiazkoa
    (que en euskera significa, bello y verdadero)

  5. Sabes que no soy partidario de la palabra “feminista”, sobre todo porque quiero imaginar un mundo en que dicha palabra carezca de sentido una vez seamos todos iguales. Pero, hasta entonces, quiero encontrarme únicamente feministas como tú.
    Y sí, estabas en lo cierto: el artículo me iba a gustar y mucho.

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