Los becarios acabarán con la crisis

O por lo menos eso es lo que creen las empresas españolas. Las empresas más tradicionales y las más modernas, las que son ejemplos para los nuevos emprendedores, las que se jactan de ser 2.0 y opinan de cuestiones que no les competen como empresa.

¿Cuál es su solución para progresar y crecer, para solucionar la crisis y acabar con los cinco millones de parados? Lo tienen clarísimo: contratar becarios. Becarios a los que apenas pagan 300 euros (si es que llega) y que pretenden que, más que aprender, hagan el trabajo de un empleado con experiencia en la materia.

Hola, me llamo ***** y tengo 40 años. Soy becario y vivo con mis padres porque no me puedo permitir pagar el alquiler de una habitación de un metro cuadrado.

Los convenios entre empresas y universidades son una buena forma de completar de la formación de los universitarios pero es un modelo que no se debe forzar en muchas ocasiones. ¿Es necesario contratar becarios en determinadas condiciones? El tener alrededor de 30 años (2 años arriba, 2 años abajo) y seguir estudiando por no estar en casa muerto de asco deberían ser dos condiciones disuasorias, por una sencilla razón: con esa edad, aunque no tengas experiencia en un determinado puesto, sí que la tienes en el hecho en sí mismo de trabajar. Una disciplina, una costumbre de ofrecer resultados, cumplir con horarios y expectativas.

Por otro lado, existen contratos formativos de acuerdo con la legislación vigente, mucho más beneficiosos para las empresas en lo que se refiere a cuestiones fiscales y para aquellos que van a ser empleados, pues no se encuentran en el limbo de la ausencia de cotización. Si esto existe, si esto aparece claramente explicado en la página del Servicio Estatal de Empleo, ¿por qué las empresas lo obvian y se aferran a los convenios con universidades? Recursos humanos: siempre haciendo amigos.

Durante un año, fui becaria en la Universidad Complutense, precisamente en el COIE. Durante ese tiempo no sólo aprendí a trabajar sino que conocí de primera mano lo que pasan los becarios en las empresas: experiencias muy satisfactorias que en algunos casos acabaron en contrato de trabajo y situaciones bochornosas en las que algunos estudiantes descubrían entre lágrimas que no debían ser explotados ni en el horario ni en las funciones. También acabé con una idea: las prácticas, aquellas que son concertadas con los centros de estudios, deberían tener algún tipo de cotización que reconociera el trabajo que acaban desempeñando.

Pero claro está que yo soy una ilusa que no piensa en zambullirse entre monedas de oro como muchos de los que se ahorran dinero haciendo semejantes bajezas.

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Esta entrada fue publicada el 15/06/2011 a las 9:00. Se guardó como Reflexiones, Trabajo y etiquetado como , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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