Seis grados de separación… o menos

Los que estáis leyendo esto y me conocéis, estáis a menos de seis grados de separación de Brad Pitt: una compañera de un antiguo trabajo salió con un chico que era el asistente de Brad Pitt en Siete años en el Tíbet. O de Bill Clinton, porque otra compañera mía tenía una amiga cuya tía había trabajado en la Casa Blanca durante su legislatura.

Más de uno pensará que la teoría de los seis grados de separación es una tontería, que lo de que “el mundo es un pañuelo” es otra frase hecha más con la que resolver de manera tópica alguna azarosa coincidencia, pero si te pones a pensar un poco en tus amistades, en la gente que conoces del trabajo, en tu familia, en sus circunstancias personales, en lo que han vivido, te puedes encontrar con mil casos semejantes.

Sin embargo, la gracia no está en que estemos separados por tan pocos nodos de un actor famoso o de un expresidente sino en la cantidad de relaciones que descubrimos con la gente que conocemos. Quizás en una ciudad pequeña parece algo normal que la gente se conozca, aunque sea de vista, ¿pero en Madrid? Una ciudad grande, con fama de que todos vamos a nuestro rollo… cuanto más te mueves, cuantos más ambientes frecuentes, más posibilidades hay de que tus redes se entremezclen.

Pero con el tiempo las coincidencias se han hecho más patentes: era gracioso que en un curso de verano de ELE coincidieras con un rollete de tu ex o que fuera el profesor de un compañero tuyo de la clase de francés de los viernes; pero eso son nimiedades si lo comparo con los descubrimientos que he ido haciendo gracias a Facebook y Twitter: una “amiga analógica” común con una de mis tuiteras favoritas, conversaciones con una chica con la que nada más que te cruzaste mil veces en la facultad, un amigo de una amiga mía es el primo de mi exjefe, amigas modernas comunes de mi prima y una compañera de trabajo, científicos locos, el pedante que conoce a una de las mejores amigas de tu ex, una chica que conoce a los mejores amigos de tu último follamigo, tu último fichaje fue el rollo tonto de una noche de una amiga, el hombre topo apareciendo en la vida de una conocida en cuanto pise una de las islas del Mediterráneo… Cuando todo se limita a tus estudios, no tiene nada de especial, pero cuando empiezan a confluir tu familia, tus compañeros de trabajo, los amigos de los amigos, tus rollos y otras ciudades esa inmensa red de de hilos que se entrecruzan se convierte casi casi en un campo de estudio semejante a cuando el profesor Xavier entra en Cerebro.

Te paras y piensas ¿cuántos puntos más te quedan por conocer? No subestimes las posibilidades de una gran ciudad: probablemente sean infinitos e insospechados.

Imagen extraída de L490

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Esta entrada fue publicada el 07/06/2011 a las 9:39. Se guardó como Internééé, Yo y mi circunstancia y etiquetado como , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Seis grados de separación… o menos

  1. Que conste en acta que el término “amigos analógicos” lo acuñe yo 😛

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