La educación sentimental no es de Flaubert sino de la Súper Pop

Son finales de los 80, estás un poco hasta el gorro de las hombreras y de los dibujos geométricos de tu jersey, y llega tu madre, por hacer la gracia o yo que sé, y te compra tu primer número de la Súper Pop, no sabemos muy bien por qué. Quizás porque con 8-9 añitos, el que te guste Rod Taylor después de ver El tiempo en sus manos es un poco problemático. Entre fotos de Glenn Medeiros, Tom Cruise y Rick Astley, sólo salvarías a los New Kids on the Block (y poquito) y a un tal Rob Lowe, que te suena del Diez Minutos de tu abuela, por algo relacionado con el principado de Mónaco y vídeos caseros.

Rod Taylor sigue siendo la mejor opción e incluso te inicias en el morbo de ir hecho un cerdo y te gusta Harrison Ford en Indiana Jones, que mira tú, salía también en La guerra de las galaxias. Pasan los años y descubres que de los New Kids on the Block mola más el hermano de uno de ellos, que además protagoniza unas de las primeras campañas conocidas de ropa interior de Calvin Klein y es un poco (bastante) malote. Los grupos de chicos prosperan como una cosecha de champiñones y la única conclusión que sacas es que qué bueno que Robbie Williams dejó Take That y las canciones moñas. A la parafilia de la falta de higiene se le une la de los antecedentes penales.

Ya estamos rozando la adolescencia y aparece un chico que te gusta de verdad: Keanu Reeves. ¡Oh, sí, nena! Él me acompañó al colegio, pegado en la tapa de mi pupitre, porque, la verdad, los de Sensación de Vivir, entre la pedazo frente de uno y la camisa remetida por el vaquero del otro… me convencían poco. A este hito le sumamos la primera vez que vi el clip de Sin Documentos de Los Rodríguez y me quedé con la boca abierta ante los rizos y los tatuajes de Andrés Calamaro.

Ya has pasado a BUP y decides hacerte gafapasta, cuando aún no eras miope y el único que conseguía llevar gafas de pasta era Luis Antonio de Villena, mientras tus compañeras de clase se compran la Vale para leer interesantes reportajes sobre zonas erógenas, de los que acabas siendo la primera exégeta virgen, porque allí no se entera nadie de nada. “La cabeza del pene… ¿pero el pene tiene cabeza?” “Coño, eso no nos lo han dicho en biología”. “Sí, hombre, es con lo que piensan”. Sí, eso último lo dije porque consideré que debía ser gracioso y algo así habías concluido después de unas cuantas comedias de Meg Ryan. Con esas pretensiones de ser toda una intelectual, te conviertes en una groupie de Jose Ángel Mañas (vaya ojazos) y de David Thewlis en las pelis de Mike Leigh.

Después de tanta paja mental, por fin llegas a la universidad y conoces hombres de verdad y no adolescentes con un crecimiento desigual provocado por las hormonas de las gominolas. Pero se puede decir que aún sigues en el mundo que Alicia ve a través del espejo pues en la facultad de filología los hombres escasean y pocos de ellos son hetero. Te fascina el culo de tu profesor de teatro griego y encontrarte en la cafetería a un finalista del premio Herralde, con su estudiada pose de poeta maldito.

Vas a congresos, empiezas a trabajar, tienes tus primeros rollos de una noche, escribes tu blog, desvirtualizas gente que has conocido por internet… Por fin se puede decir que has llegado al mundo de los adultos y los hombres son reales, no tienen nada que ver con las películas que te montabas mientras recortabas las fotos de la Súper Pop para forrar tu carpeta. Hasta te da ternurica recordar esos momentos.

Pero después de tres novelas también descubres que te empiezas a parecer sospechosamente a las protagonistas de Marian Keyes y que, cada vez que vas a algún evento o alguna fiesta, se te caen las bragas cuando ves borracho a algún que otro community manager, cuando te presentan a un guapo emprendedor o escuchas flipada al último ideólogo 2.0. Y te preguntas cuánto has cambiado desde la primera Súper Pop que cayó en tus manos.

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Esta entrada fue publicada el 09/05/2011 a las 22:43. Se guardó como La educación sentimental y etiquetado como , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

4 pensamientos en “La educación sentimental no es de Flaubert sino de la Súper Pop

  1. M’ha gustado
    La sinceridad es un valor que se desploma, aunque sea mentira.
    Seguiré leyéndote con curiosidad…

  2. Muy bien, todo tu soliloquio de una vida perturbada está sumamente increíble, raya en lo inverosímil con tintes de pseudoprovocación sexual que competiría muy bien con el de una niña de 13 años, pero ¿dónde quedó Flaubert? se suponía que era una analogía por el título, pero no mencionas nada de eso y ni siquiera propones algo para que las futuras generaciones de chicas no cometan las idioteces que tú misma hiciste adscribiéndoselas a la susodicha revista, ¿enserio crees que ser adulta es meterse en relaciones de una noche con cualquiera?¿únicamente trabajar?¿Escribir fatuidades en un blog?, vaya que tu concepción está en lo más alto de la madurez mental.

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