Señoras que no quieren mandar como los señores

¿Cuántas veces ves ejemplos de cómo no quieres mandar? Cuando vas al banco, al súper, con tus clientes, con tus proveedores… ¿Cuántos ineptos para el liderazgo ves a lo largo del día? Cientos. ¿Por qué? Porque sólo existe un paradigma del jefe, ni siquiera del líder: un jefe que quiere ser ente supremo, con los pros, de ser el centro, de tener siempre razón y de ser temido, y los contras, de carecer de una vida mínimamente interesante, de ser odiado y de estar solo, a la larga.

Lo grave de este asunto no es que perdure, sino que hayamos llegado las mujeres a puestos de poder y hayamos copiado este modelo, que parece heredero de la monarquía absoluta de origen divino. Y hablo de nosotras porque ya que rompimos una parte del modelo para conseguir lo que queríamos, ¿por qué no continuamos haciéndolo? Yo no quiero estar sola, ni que me odien, ni estar alienada por el trabajo: yo quiero mandar, pero también quiero ser feliz, algo que a veces parecemos olvidar, que algunos dicen que es fruto de la ignorancia, pero algo que debería ser un deber y un derecho porque las cosas que nos hacen felices dan sentido a la vida.

Y ahora os paso el balón a vosotros, los tíos: ¿vosotros estáis satisfechos con ese modelo? Porque todo esto de la liberación de la mujer no nos incumbe sólo a nosotras, sino que también es cosa vuestra. ¿Queréis que vuestros sentimientos sigan siendo ninguneados?, ¿queréis seguir pensando que el dolor no existe?, ¿nos vais a salvar a todas cuando estemos en problemas?, ¿y dándoos cabezazos para ver quién es el macho alfa?

La liberación es cosa de los dos, porque el modelo a romper huele un poco a naftalina.

[Imagen extraída de That Obscure Object]

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Esta entrada fue publicada el 08/03/2011 a las 9:24. Se guardó como Feminismo troll y etiquetado como , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

8 pensamientos en “Señoras que no quieren mandar como los señores

  1. Pues te diré que creo que cometes un error hablando de “los tíos” como un todo, y dando por hecho que “los tíos” sólo sabemos desarrollar un modelo de “jefe”.

    La cuestión debería ser, más bien, por qué el modelo que triunfa es ése, y no el otro. Si ése es el modelo que triunfa, los hombres y mujeres que se ajustan a él son los que destacan, mientras que los otros quedan en el ostracismo.

    Personalmente creo que la causa está en modelos organizativos adaptados/derivados de un modelo industrial, donde la disciplina, el control, los procesos, la jerarquía han sido muy importantes (modelos “militares”, si quieres).

    En la medida en que esos modelos vayan dando paso a otros más adaptados a la realidad actual (más gestión de relaciones, estructuras planas, modelos de red… donde el control, disciplina, homogeneidad… sean menos importantes), irán emergiendo un nuevo grupo de líderes (hombres y mujeres) que encajen mejor en ellos.

    En fin, que creo que es un error plantear esto como una batalla “hombres vs. mujeres” (pudiendo aceptar, en todo caso, que “biológicamente” pueda haber cierto sesgo que hace que cada sexo, en términos generales, pueda mostrar una cierta tendencia a un modelo u otro)

  2. Es que yo no hablo de mujeres, hombres y viceversa ni de lo que tú dices.
    La liberación y el cambio de modelo organizativo habrá surgido con las mujeres pero creo que nos afecta a todos, porque todos tenemos que liberarnos de un modelo educacional un poquito rancio.
    Si me hubieras leído en más de una ocasión te darías cuenta de que me salgo de la ortodoxia feminista

  3. No creo que el cambio de modelo organizativo haya surgido con las mujeres. El cambio de modelo organizativo surge por circunstancias económicas externas, y provoca que sea necesario un nuevo modelo de liderazgo. Nuevo modelo para el que parece que las mujeres, por sus características diferenciales (que las hay), pudieran estar mejor dotadas en términos generales… lo cual no excluye que haya muchos hombres que lo estén igual de bien.

    En definitiva, a lo que iba es que la transición no surge por una voluntad de “los tíos” (has sido tú la que ha “pasado el balón” para saber qué pensábamos, de ahí que haya entendido el planteamiento como “enfrentamiento”; si no era así, efectivamente no te entendí). Simplemente creo que en el ecosistema empresarial del que venimos sobrevivían mejor “los duros” (hombres y mujeres; y los que no encajábamos en ese perfil, teníamos más difícil “prosperar” en el ámbito empresarial). Y ahora el ecosistema ha cambiado, y favorece otro perfil… y las mujeres y hombres que encajemos en ese perfil tendremos más fácil adaptarnos, mientras que “los duros” y “las duras” tendrán cada día menos sitio.

    • A ver, que está claro que no nos entendemos: paso la pelota para que los tíos opinen, no porque me enfrente a ellos sino porque creo que es un proyecto común.
      Si hablo de mujeres es porque allá en los 60, con los comeflores y tal, surge la postmodernidad y se empieza a hacer una crítica del modelo patriarcal establecido, a hablar de la necesidad de cambiarlo, y en ese ambiente es cuando la liberación femenina toma una presencia más fuerte, por muchas razones. Ya que ahí se empiezan a cambiar ciertas cosas y ya que el pensamiento feminista no se preocupó de plantear un modelo alternativo de liderazgo, pasa lo que pasa: que no cambiamos el modelo y encima lo copiamos malamente.
      Así que yo creo que ha llegado la hora de cambiarlo, y nos toca a todos, porque nosotras tenemos que normalizar nuestra posición en el trabajo y vosotros hacer lo propio en el terreno más íntimo.
      Es algo sobre lo que tengo pendiente escribir, pero es que yo digo que la liberación masculina ya va tocando.

      • Vale. Pero mi punto era que aunque “los comeflores” (:D) y el pensamiento feminista de entonces hubiera planteado un modelo de liderazgo alternativo… ¡no hubiera funcionado! Si el modelo “tradicional” no ha cambiado no es porque no se hayan propuesto otros alternativos, sino porque es el que mejor funcionaba en las condiciones en las que veníamos. Seguro que entonces también había gente que intentaba actuar de otra forma… pero no cuajó.

        Es ahora, cuando las condiciones externas cambian, cuando este otro tipo de modelos empiezan a funcionar mejor.

        Pero, en última instancia, yo soy bastante descreído de la idea de “cambiar el mundo”. Yo procuro cambiar mi mundo, el de mi ámbito profesional, y el de mi ámbito familiar… y con eso vamos tirando!

      • Porque entre otras cosas lo hicieron niños blancos heteros occidentales y en los 70 se dieron cuenta de que no habían tenido en cuenta al resto del mundo.
        Yo no soy el colmo de la esperanza pero los cambios se pueden hacer: a pequeña escala, con lo que puedes dominar, para remover a otras personas y desencadenar otros cambios.

  4. Interesante intercambio.

    El poder jerarquizado está muy arraigado y sabemos de sobra de la tozudez de la costumbre, que acaba siempre imponiéndose con leyes más o menos formalizadas.

    Por otro lado, quienes quieren (queremos) que muchas cosas cambien estamos fuera, bien porque no hayamos podido entrar o porque hemos elegido salir. Pero la estructura se mantiene tanto por la propia inercia como porque quienes están ahí no sueltan su pequeño o gran reducto de poder.

    El dilema de siempre, desde fuera no se puede cambiar las reglas pero para estar dentro hay que pasar por ellas.

    Creo que entre quienes defendemos la necesidad de los cambios efectivamente hay de todo, pero acierta Madame Tafetán, es algo que planteamos más las mujeres. Y no defiendo el mérito, es que ni hemos construido esas redes ni las hemos disfrutado.

    Es una estructura podrida que terminará por caer.

  5. Pingback: Ni lucha ni sexo « Comer pensamientos

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