Reputación, precariedad y faltas de ortografía

¿Por qué se nota primero el racaneo de medios en el tema de la corrección de textos?

Ésta fue la pregunta que, más o menos, formulé en el último Café y Periodismo después de que, con mucha guasa, @PilarZ dijera que quería que hiciera una pregunta. En principio, no tenía nada que añadir pues cierto es que el mundo del periodismo me es bastante ajeno, hasta que recordé algo que me indigna bastante: la cantidad de errores de maquetación y ortografía que se evitarían con una simple revisión de las primeras pruebas.

A priori, parece que la pregunta poco tiene que ver con el tema de la precariedad en los medios, pero también es verdad que resulta un poco decepcionante ver a varios directivos hablar de ese tema. Así leído, parece una mesa redonda organizada por alguno de los grupos de izquierda de la universidad, en la que van a denunciar la explotación, el vago aprendizaje de muchos becarios, etc. Pero no. La cosa va por otros derroteros y poco menos que los becarios son desposeídos de su adjetivo por antonomasia y acaban hablando de lo de siempre: de dinero. Entonces llegamos a lo que me crispa y por lo que acabé preguntando: ¿los correctores salimos tan caros? Sinceramente: creo que no.

Tildes que vuelan, bes y uves que se travisten, haches que deciden hacerse notar cuando no toca… Un corrector no sólo se preocupa de que la ortografía sea la correcta: la puntuación, la elección de un léxico más adecuado, la organización de ideas, la justificación del espaciado del texto… La corrección de textos suele tener varias fases: en un primer momento, se puede hacer una intervención más profunda, modificando párrafos, frases y algunos términos, mientras que al final, se revisa el aspecto definitivo, más formal (márgenes, espaciados, puntuación, faltas de ortografía…).  Más de uno pensará que eso son detalles sin importancia, en los que nadie se fija, pero no es así: se empieza por una tilde que se va y se acaba con faltas que hasta un niño que está aprendiendo ortografía reconocería.

Un corrector no se dedica a pijadillas de la lengua: un corrector se preocupa de que el texto tenga un aspecto impecable, de que dé gusto mirarlo y leerlo. Es como ir a una entrevista de trabajo con un currículum impecable y los zapatos sucios. El contenido puede perder todo su valor si su presentación es bochornosa y ahí es donde entramos los correctores: se podría decir que somos los encargados de que eso no pase. Limpiamos, brillamos y damos esplendor.

En definitiva, el corrector es el encargado de tu “carta” de presentación al público, así que yo me plantearía si somos tan prescindibles como algunos creen.

[Imagen: azultierra]

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Esta entrada fue publicada el 15/11/2010 a las 1:52. Se guardó como Filología pedestre, Internééé y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

8 pensamientos en “Reputación, precariedad y faltas de ortografía

  1. Redactor Jefe. – Definición vieja: la persona que en un medio de comunicación que pertenece al subgénero de la prensa escrita, redactaba y corregía redacciones de otros antes de su publicación. Y además era “jefe”, i. e. mandaba, daba órdenes.
    Definición Nueva: el que manda y da órdenes.

    Consecuencia: medios de [in-]formación de masas plagados de erratas.

    Un placer leerte.

  2. Pingback: Tweets that mention Reputación, precariedad y faltas de ortografía « Comer pensamientos -- Topsy.com

  3. Y tanto que tienes razón… estoy ahora mismo leyendo un libro pretendidamente historiográfico cuya ortografía, puntuación y redactado son propios de un oligofrénico semianalfabeto. Que una cosa es que el tipo no sea precisamente Galdós, pero coño, seguro que conoce a alguien que se lo pudiera revisar, o al menos alguien de la diputación provincial que hubiese hecho una criba, no sé.
    Respecto a los medios, amén. Cuando leo algunas noticias o escucho los telediarios (donde, en teoría, se debería hablar con propiedad) me pongo a menudo en modo virginal y empiezan a llorar sangre los lacrimales y los oídos.

  4. No cabe duda de que los correctores “Brilláis” pero la frase, si no me equivoco, y odio corregirte seria… “Limpiamos, ABRILLANTAMOS, y damos esplendor” no?
    Por otra parte, si alguna vez te hacen falta, tengo una colección de E-mail en respuesta a un trabajo para dar clase a mi hijo de 10 años… A-LU-CI-NAN-TE!!! (Me refiero a faltas de ortografía, que tiene cojones en una respuesta para dar clases a un niño… :-P)
    Buen Post!!!

  5. “… un corrector se preocupa de que el texto tenga un aspecto impecable, de que dé gusto mirarlo y leerlo”

    No sólo se “ocupa de “…, el corrector se “preocupa de”.

    Me pregunto… ¿y quién corrige al corrector?
    Él mismo, quizá.

    Un abrazo

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