El espacio reducido de una cama

El sexo no es un simple intercambio de fluidos. No es sólo una simbiosis amorosa, ni una sesión de gimnasia, ni mucho menos un simple medio de reproducción. El sexo es mucho más. Es una simulación de la vida en sociedad en el espacio reducido de una cama.

A lo largo del día te cruzas con muchas personas. Algunas te son indiferentes, otras te sacan de tus casillas y unas pocas te llaman poderosamente la atención, te atraen por razones que son difíciles de explicar. Pueden ser sus pestañas, puede que sea por que le guste leer a Perec o porque tengáis el mismo sentido del humor. Ocurre. A mí me ocurrió hace unos meses con una persona.

Resulta cansado vivir en una constante impostura para conseguir lo que quieres. Te pasas la vida seduciendo y siendo lo que no eres: para conseguir un trabajo, para que el frutero no te dé las peores naranjas, para follar… ¿Cuántas veces te desnudas y sigues llevando un disfraz de aplomo y de distancia? ¿Cuántos besos y caricias evitas dar para que no se confunda el simple apetito con los sentimientos? ¿Cuántas veces dejas de hacer algo? La sinceridad es un valor muy caro de cuya calidad nunca se está seguro.

Pero hay gente que confía y que no miente, que entiende que no hay falsos pretextos detrás de los deseos más banales, que cree en ti. Y te quedas completamente en pelotas y te da igual todo, porque sabes que todo va a estar bien, que te vas a reir, que te lo vas a pasar bien, que te va a hacer gozar y que vas a hacer disfrutar a la otra persona. Si le miras o le acaricias porque te apetece no pasa nada. Eres tú, es él, con debilidades, con inseguridades, sin ruborizarse: eres más fuerte.

Te pasas un año conteniéndote, aguantando papeles que no te van y que te hacen pensar que eres un bicho raro, que no aciertas en nada, que sólo cometes errores, que te hacen sentir tonta y sola. Pero de repente todo cambia con una noche. No eres esa otra que se parece a ti, que es tu versión descafeinada: eres tú en esencia, gozando del placer mutuo, sin avergonzarte de tu camiseta de los osos amorosos ni de tus bragas de Mafalda, luciendo celulitis.

Gracias 🙂

[Imagen: Hedy Lamarr, en Ecstasy]

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Esta entrada fue publicada el 25/02/2010 a las 21:46. Se guardó como Otros pequeños placeres, Yo y mi circunstancia y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

5 pensamientos en “El espacio reducido de una cama

  1. Mediotic en dijo:

    Pues es que el sexo es sexo. Sin más. Y mucha gente se piensa que para el sexo ha de haber amor, cuando en realidad basta con que haya atracción.
    Cosas de ser un racionalista: al sexo se llega a través de una serie de procesos químicos de nuestro cerebro que hacen que haya una atracción mutua que lleve a ello.
    ¿Que de ahí puede surgir algo más? No tiene porqué ser amor; obviamente no estás buscando una pareja con la que compartir tu vida. Se busca un momento de placer, de disfrute, de gozo. Dos personas, frente a frente, sin disfraces, desnudos.
    Y de lo que surja, pues a aprovecharlo, que somos seres sociales y una forma de socializar es el sexo.
    Y al que no le guste, que investigue la clonación a ver si es una opción plausible o moralmente admisible.

  2. Japogo en dijo:

    ¡Ay omá qué rico! La de cosas que nos perdemos por miedo…y lo sencillo que es todo en realidad. Al pim-pam y al sexo, sexo.

  3. Perla del Turia en dijo:

    Pues es verdad que el sexo debería ser una cosa muy fácil, pero para eso hay que liberarse, olvidarse de todo lo que está alrededor, de lo que dejaste atrás y puede costar… Siempre he pensado que cuando te acuestas con alguien, te acuestas con todas las personas con quien él o ella ha estado, que en el fondo, son parte ya de sí mismo. ¡En fin, qué reflexiones y sólo habíamos venido a echar un polvo! 😉

  4. Mediotic: pues eso, ¿qué más te voy a decir si ya lo hemos hablado muchas veces?

    Japogo: qué malo es el miedo, de verdad…

    Perla: pues hay una teoría de la nueva era que sostiene algo así, pero yo le daría la vuelta un poco, porque para mí lo que realmente ocurre es que cuantas más experiencias, más sabes y más puedes disfrutarlo

    • Merche en dijo:

      Esto de acuerdo en que cuantas más experiencias mejor; pero me refiero al número de ocasiones y no tanto al cambio de pareja.

      Creo que se puede sacar más jugo al asunto cuando ya has compartido cama con tu compañero sexual y dejás atrás mojigaterías, vergüenzas y demás…

      Pero…, claro, si tienes pareja estable, los problemillas diarios (o problemones) pueden meterse en la cama también, con lo cual fastidias lo que promete ser un muy buen momento.

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