De amicitia

Para el hombre intermitente, los amigos eran fundamentales. Mantenía amigos de su colegio, de su primer año de carrera, de diversos cursos, de sus estancias en diferentes países… Allá donde llegaba rápidamente entablaba amistad con la que gente que allí había: normal, era libra. Para él eran muy importantes y el único problema era que se ataba a ellos, que se preocupaba de no perder los lazos con un montón de gente con la que, probablemente, ya no compartía ningún tipo de inquietud. Según él mismo reconocía, vivía mirando hacia atrás, hacia el pasado, para no perder nada de aquellos instantes.

Yo miraba al contrario. Yo miraba al frente, hacia el futuro, despreocupada de que nada me atara. Encadenaba desencanto tras desencanto y pensaba que las amistades tenían fecha de caducidad, que tenían su momento, su circunstancia, sus momentos de complicidad, y cuando todo aquello acababa, no tenías nada de que hablar y lo dejabas desvanecerse con un cierto desapego.

Yo no entendía muy bien aquella actitud suya y siempre le decía que todo era como un viaje en globo en el que para avanzar había que soltar lastre. Yo seguí mirando hacia adelante, llegué un día en el que me harté de mirar atrás a ver qué ocurría y decidí proseguir con mi camino.

Y allí me encontré que no todas las amistades se caducan, que algunas perduran e incluso se mantienen como en el momento en que las dejaste, y que hay otras que surgen por generación espontánea, sin excesivas implicaciones. De todas formas, esto de la amistad es algo extraño. ¿Qué es la amistad? Los diccionarios podrán decir lo que quieran pero cada uno lo entiende como quiere: es un juego de todo y nada. Unos lo dan todo y otros así lo esperan, mientras que los hay no dan nada y los que esperan otro tanto; los que lo ven como una cuestión de frecuencia, de afinidades, de unión ante la adversidad, de juergas garantizadas y lloreras reiteradas. Para mí es una cuestión de estar: para reír, reflexionar o debatir el estado de cuestión cuando surja, sin necesidad de un almanaque o de una frecuencia de hábitos que te diga que “hoy es sábado primero de mes así que toca coito antes de irse a dormir”. A veces puedes verlos todos los días y en otros casos apenas existe la frecuencia, una pequeña conversación por el messenger cada cierto tiempo o unas cañas cada par de meses: la intensidad puede ser parecida, te importa lo mismo, te ríes igual, tu hombro siempre estará. Pero hay casos que sí y otros que no, casos que me desencantan, casos que me juzgan, que me apartan como si fuera una apestada o que no pueden llegar a entender que no puedo darlo todo cuando hay circunstancias que me lo impiden. Bueno, supongo que no lo entienden o es que realmente ellos no entendían la amistad así, o que directamente no lo eran, las cosas como son. No me arrepiento de lo que hice pero no puedo entender ciertos comportamientos: ni aplausos, ni acalorados agradecimientos, sólo respeto.

Tanto pido tanto hago: yo estoy, eso lo sé. Estoy atenta a lo que ocurre, a cualquier síntoma, a cualquier pequeño detalle que me indique que eres necesario: para el chiste tonto, para oreja-diván o para consejos no vinculantes.

A veces son cosas muy pequeñas las que dan sentido a las relaciones humanas.

[Imagen: Gemelos con espejo, Imogen Cunningham]

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Esta entrada fue publicada el 19/06/2009 a las 10:09. Se guardó como Yo y mi circunstancia y etiquetado como , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “De amicitia

  1. supersalvajuan-19 de junio de 2009 18:25
    Soltrar lastre es muy difícil.

    antonio-24 de junio de 2009 14:24
    me gusta como escribes
    vuelvo a leerte
    con tu permiso.

    Yon-30 de junio de 2009 16:41
    Así que soy así (aumentando mi cuenta de amigos en FB sin rubor alguno) porque soy Libra… lo que se aprende oiga.

    Madame Tafetán-1 de julio de 2009 23:44
    Supersalvajuan: es difícil pero a veces necesario.

    Antonio: vuelve cuantas veces quieras, serás bienvenido 🙂

    Yon: es que los libra sois muy proclives a hacer amistades, qué quieres que yo te diga 😉

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