Violencia simbólica

La violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en una “expectativas colectivas”, en unas creencias socialmente inculcadas.
Pierre Bourdieu

En ocasiones me autocalifico como una cínica cuando, probablemente, no lo sea tanto. Me lo llamo porque tengo la mala costumbre de reconocer acciones no muy “honrosas” que habitualmente la gente suele ocultar. No es que me dedique a la experimentación con drogas duras ni a las prácticas viciosas con pastores alemanes… en absoluto. Pero la norma nos exige una estricta hipocresía, de sentimientos mesurados y lítotes sistemáticas.

El otro día vi Para todos los gustos (Le goût des autres), una película de hace unos años dirigida por Agnès Jaoui. Si no la habéis visto, os la recomiendo: os dará mucho que pensar. No voy a contar de qué va la película porque probablemente os la destriparía, pero sí que puedo decir una cosa: habla del gusto. Del buen gusto y del mal gusto, de su “ausencia”, de lo que es tener gusto, del gusto de los otros, de lo que creemos que es tener gusto.

Pero lo curioso es que lo que parece una comedia ácida convierte a la mayoría de sus espectadores en unos hipócritas. Todo el mundo acaba empatizando con el personaje débil, con el que recibe mayores escarnios y reniega de otras situaciones. Reniega de sus críticas y de sus malos entendidos, de su capacidad para prejuzgar, para sentirse mejor que el otro. ¿Por qué? La sinceridad es un valor de doble vía: se requiere pero en exceso se obvia. Durante toda la película veía a Clara y me veía a mí, me veía rechazando lo que me disgusta, lo que considero que es inferior a mí, reprobando la ignorancia e imponiendo mi modelo cultural. Ejerciendo lo que Bourdieu define como violencia simbólica. ¿Que si me arrepiento? No. No me creo mejor, ni por ser así ni por hacerlo, pero detesto las intromisiones en mi parcela vital y no voy a ocultar mis mecanismos de defensa, lo que me molesta: lo hago visible para evitar malentendidos. Y lo he hecho miles de veces: lo he hecho con el joven masajista y agricultor, lo hago con las madres autoalienadas de mi trabajo, con ese compañero de clase que parece sacado del atrezzo de Cuéntame… Adopto un gesto severo y sentencio. No quiero más discusiones. Quiero que me odies un poquito. Quiero que pienses en la tontería que acabas de decir.

Puede que no tenga razón, pero me molestan. Pero igual que me ocurre a mí le ocurre al resto. El que esté libre de escarnio, que tire la primera piedra.

[Imagen: cartel de la película Para todos los gustos (Le goût des autres), de Agnès Jaoui]

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Esta entrada fue publicada el 15/05/2009 a las 14:53. Se guardó como Yo y mi circunstancia y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Violencia simbólica

  1. supersalvajuan-15 de mayo de 2009 21:20
    ¿Y qué sería de nosotros sin el cinismo y el sarcasmo?

    Zeberio Zato-16 de mayo de 2009 18:42
    La verdad como mecanismo de defensa, curioso argumento, pero me gusta. Yo utilizo la risa, y a veces echo a correr. Son útiles también.

    Madame Tafetán-16 de mayo de 2009 20:21
    Supersalvajuan: cierto, cierto, pero lo reconoce taaaan poca gente o se sienten culpables cuando se ríen de alguien.

    Zeberio: la risa es un biuen recurso pero es que a mí lo de la sinceridad aplastante me puede. Mis amigos, a la larga, me agradecen esa brutalidad y los que no quiero que sean mis amigos me acaban teniendo miedo, que es un buen resultado para que te respeten

    El Señor No Puedo-17 de junio de 2009 04:28
    Recordad en dónde escupió Diógenes cuando aquel rico-hombre lo llevó a su casa.

    Y sin embargo es un error tratar de que la excepción sea norma. No violentes a los demás a cambiar. Contágiales el cambio. Deben estar conviencidos…si eso es lo que quieres.

    Madame Tafetán-19 de junio de 2009 23:12
    Sr. No puedo: yo soy de choques y tu método me supondría aguantar mucho, cosa a la que no estoy dispuesta.
    Mucho cambias tú de nombre, me parece a mí 😉

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