Visitas frecuentes al tanatorio (a mi pesar)

En el escaso plazo de dos meses y medio he ido dos veces por el tanatorio, “velando” a dos personas que me importaban y a las que les debo muchos rasgos de mi carácter: mi abuelo por parte de madre y mi abuela por parte de padre. Yo que siempre presumí de tener a los cuatro abuelos vivos y a una bisabuela, no hice más que llegar a la edad adulta y con cada cambio los he ido perdiendo: ya sólo me queda una. Lo peor es que esta última se ha ido sin que nadie lo esperásemos.

Cada vez que voy al tanatorio entro en estado de perplejidad, desde que entro a mi pesar hasta que salgo pensando que no volveré… por ahora. Siempre prefiero quedarme fuera de la sala, por dejar de ver el color amarillento y las puntillas pero, sobre todo, por dejar de estar en esa bombonera que es la sala, con esos sillones de cuero que tanto detesto, el calor asfixiante y esa luz ténue y supuestamente cálida: un ambiente empalagoso que pretende aplacar lo doloroso de la situación. Todo es cursi, todo es dulzón: el maquillaje, el espacio, las flores, las bandas con dedicatorias, la situación, la revista de los servicios funerarios Hasta pronto, el enésimo certamen de tanatocuentos… todo aquello me hace pensar que me gustaría fumar para estar siempre fuera pero en la cafetería no venden tabaco. A falta de eso, cada vez que voy a la cafetería del tanatorio hago algo que no suelo hacer: me tomo un cola-cao.

Yo no lloro. No me sale. Me duele pero no puedo hacer nada. Ni siquiera entiendo por qué hay que hacer todo eso.

(Imagen: Hércules luchando con la Muerte para salvar a Alcestis, Leighton)

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Esta entrada fue publicada el 26/04/2009 a las 21:11. Se guardó como Mi familia y otros animales y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Visitas frecuentes al tanatorio (a mi pesar)

  1. supersalvajuan-27 de abril de 2009 17:36
    Al final, siempre se recurre a lo “convencional”.

    Miguel-27 de abril de 2009 18:41
    A mí me ha ocurrido algo parecido a lo que cuentas. Al igual que en tu relato yo también conocí a mis cuatro abuelos, e incluso a dos bisabuelas que se murireron cuando yo ya tenía unos 16 años. La ley de vida se los ha ido llevando y sólo me queda una abuela.

    Por desgracia también me ha tocado ir al tanatorio hace muy poco por la muerte de un vecino, y tienes razón no es un lugar en el que nada te invite a estar allí.

    Dicen, no sé si es cierto, que antes la gente a la que le gustaba beber más de la cuenta acudía a los bares de los tanatorios poruqe eran los únicos que estaban abiertos entre semana a altas horas de la madrugada y tenían precios asequibles.

    Un saludo

    ernesto51-28 de abril de 2009 22:41
    Los que se van siguen vivos mientras alguien hable de ellos y les recuerde. Y no les importa en absoluto los convencionalismos sociales ni los tanatorios.

    Un abrazo

    Introspectre-28 de abril de 2009 23:46
    Lo siento mucho, Ana, sé a qué te refieres. Los tanatorios, por un motivo u otro, ya me son conocidos, más de lo que yo quisiera. Y con todo eso, he descubierto que la manera de sufrir de cada uno es distinta, que no hace falta una lágrima si lo que uno necesita es una risa, una caricia, un silencio, una presencia o un cola-cao… Vívelo, abrázalo, hazlo tuyo y sigue…

    Madame Tafetán-29 de abril de 2009 09:55
    Gracias a los cuatro. La verdad es que es convencional por una parte y por otra no tanto: por un lado está todo ese trámite de estar allí, de frases hechas, casi sin sentido y por otro lado está el hecho de que mi familia por parte de padre tiene un sentido del humor un poquito peculiar, porque acabamos siempre riéndonos.
    Un besazo 🙂

    Paloma Abad-29 de abril de 2009 09:59
    Qué raro que tengas ya “modus operandi” en el tanatorio… ojalá no tengas que ir en mucho tiempo, aunque ya lo del cola-cao se te va a quedar.

    besooo!

    Madame Tafetán-29 de abril de 2009 10:14
    No sé si es raro o preocupante, pero es que ya me sorprendo a mí misma haciendo lo mismo, quedándome fuera de la sala y bajando siempre a la cafetería a la voz de “quiero un cola-cao”

    Zeberio Zato-29 de abril de 2009 13:16
    Vaya, siento que hayas tenido que pasar tantos ratos allí. La verdad es que son lugares a los que uno no quiere volver.
    Me encanta cómo has descrito el ambiente artificial que crean para esconder la realidad.

    japogo-29 de abril de 2009 23:54
    Un abrazo desde aquí. También me ha llegado la descripción de ese lugar, la sensación de ser parte del decorado, de tener que aparentar o exponerse ante los demás cuando la procesión en realidad siempre va por dentro.

    Madame Tafetán-30 de abril de 2009 00:46
    Muchas gracias, Zeberio y Japogo. La verdad es que cuando terminé la entrada pensé que no había llegado a transmitir ni la mitad de las sensaciones que tuve pero ya veo que todos me entendéis.
    Un besazo

    Cris explomera-1 de mayo de 2009 14:05
    Hola guapa,
    Lo siento mucho, además han sido dos pérdidas muy seguidas…
    Cuando quieras nos tomamos un cafecito, muchos besos.

    Madame Tafetán-3 de mayo de 2009 20:53
    Sí, nos tenemos que tomar un cafetillo en vista de que al final no vamos a Granada (de momento)

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