Manual de uso de singles

¿Te gustaría hacer otras cosas conmigo?
¿Como el qué?

[Pues no lo había pensado, era una pregunta-pretexto. No pretendo una excursión a la Capadocia ni obligarte a que me presentes a tu familia] No sé, dar una vuelta…

Llevaba unos meses un poco harta de hacer siempre lo mismo. De la puerta de su piso al sofá y del sofá a la cama y ya ni siquiera me pedía que me quedara a dormir, aunque siguiera alabando mis virtudes. Me aburría. Me aburría de verle el calzoncillos, de observar el polvo que había en sus estanterías, del cuadro de los angelotes de Rafael puesto al revés, así que un día me cuadré conmigo misma y me dije nena, ahora o nunca, en el momento que creas más oportuno pregúntale si puede haber vida más allá de la gymkana sexual. Pero el problema no era tanto encontrar el momento (eso estaba más o menos claro: post-coito) sino la forma de abordar el asunto sin que el chico pensara que le estaba pidiendo el rosario de su madre. Y no se me ocurrió mejor pregunta que ésa, con todas las posibles interpretaciones que tenía, desde ir a comprar porcelana a unos grandes almacenes a subir de categoría en la gymkana y pasarnos al bondage.La respuesta no viene a cuento, no aporta nada a la historia, pero lo cierto es que me resultó muy educativa: aprendí a usar a los singles. No quiero decir con esto que ahora me haya pasado al sector de los casados ni nada por el estilo, ni mucho menos que me haya convertido en una contumaz manipuladora que utiliza a los hombres para su provecho y nada más. Es muchísimo más simple que todo eso: estar con él fue similar a leer un libro de instrucciones para aprender el manejo de estos nuevos especímenes de la sociedad moderna. De hecho, siempre hubo solterones y era realmente un problema en épocas anteriores el no haberse convertido en parte contractual de esa sociedad de trueque que es el matrimonio, donde era fundamental tener a alguien con el que intercambiarte favores tales como la selección de vestuario para el día siguiente. Pero hoy día no es así: si sales hecho un desastre de casa es que eres un hortera y punto. Ahora hay solteros y singles, y aunque en el fondo el referente es el mismo, no se comporta igual uno que otro: solteros somos todos pero singles sólo unos pocos que deciden tener un modo de vida distinto.

Su pisito en el centro, su sueldazo de ingeniero, su enorme televisor, su colección de colonias… su vida era perfecta y no quería que nada lo turbara. Era su vida, su ritmo, su placer. Hacía pequeñas calas en la vida de los otros (en este caso, la mía) pero no duraban mucho. No había voluntad de permanencia, sólo existían sus planes y todo estaba organizado en función suya. No había sitio para mí. La última vez que nos vimos él se iba a la plaza de Olavide a tomarse un café, en una terraza, solo. Ni siquiera me ofreció la posibilidad de que me lo tomara con él así que dije adiós, muy buenas. Ya vale de esperas estúpidas.

No he vuelto a hablar con él. Me lo encontré un par de veces este año, en el súper, pero me hice la escurridiza porque no tenía ganas de explicaciones ni de conversaciones acerca del tiempo o sobre qué bien te veo. Entre otras cosas porque yo a él no le veía bien. Se está empezando a poner fondoncillo y sigue solo. Bueno, eso es lo que quiere y lo que yo no, claro.

Cada vez que veo a alguno que se recrea en su soledad huyo. No pido compromisos a la antigua usanza, tardes de contemplación infinita y proyectos de futuro con apartamento en multipropiedad y crédito hipotecario. Pero tampoco quiero ese desapasionamiento y esa sensación de “ahora qué”. No tengo ganas de sentirme muñeca hinchable algunas noches.

(Imagen: Sonrojo, Ouka Lele)

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Esta entrada fue publicada el 21/02/2009 a las 22:29. Se guardó como La educación sentimental y etiquetado como , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Manual de uso de singles

  1. supersalvajuan-22 de febrero de 2009 10:37
    ¿Qué es dar una vuelta? Nunca he entendido eso.

    M-22 de febrero de 2009 12:53
    Su pisito en el centro, su sueldazo de ingeniero, su enorme televisor, su colección de colonias…

    Me ha encantado, será porque yo también conozco a algunos así…según Zygmunt bauman, estos son hombres líquidos, de esos que pasan, inconsistentes, sin sustancia… hombres light de los que nada se puede esperar…una pérdida de tiempo, vamos…

    Madame Tafetán-25 de febrero de 2009 13:09
    Supersalvajuan: pues lo mismo ese fue el problema, que él tampoco sabía lo que era dar una vuelta.

    M: el problema es que me da la sensación de que van en aumento. Por cierto, me ha encantado la referencia de Zygmunt Bauman: no lo conocía pero me ha parecido muy interesante

    Zeberio Zato-25 de febrero de 2009 13:21
    Me he sentido identificado, y eso es malo. Bueno, a mí me falta el sueldazo de ingeniero y el piso en el centro.

    Y me sobran planes fracasados de vida compartida.

    ¿Damos una vuelta?

    Madame Tafetán-25 de febrero de 2009 13:57
    Zeberio, él estaba muy contento de ser así. Más que fracasado, era un triste. Ya ves tú, decirle de ir al cine algún día, qué había de malo en ello.
    A ver si te voy a decir que sí a lo de dar una vuelta … 😛

    japogo-30 de marzo de 2009 14:20
    Hey! No sé muy bien cómo he acabado en tu blog, pero lo he hojeado un poco y me han gustado tus historias y la manera en que las cuentas. Esta, por ejemplo, me parece genial y muy dada a comparaciones.
    Pasaré más a menudo por aquí… ya sea en estado líquido o sólido.

    Madame Tafetán-5 de abril de 2009 22:20
    ¡Bienvenido Japogo! El llegar a mi blog de formas inverosímiles suele ser algo habitual

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