Azul IV, el «Moñas»

Llevas unas mallas azul,
pintas tu vespino blanco,
eres tan apuesto,
eso es lo que más detesto.
“No soy cenicienta” (Perfidia), Undershakers

Los príncipes azules nunca me debieron hacer mucha gracia porque desde muy pequeña, casi desde que recuerdo, afirmaba con mucha convicción que de mayor sería madre soltera. Con tanta que mi madre lo asumió casi como dogma de fe y, cada cierto tiempo, cuando mi abuela ataca con las hipótesis nupciales, mi madre intenta hacerle abrir los ojos con esa temprana voluntad mía.

¿De dónde me sacaría yo esa idea? No sé, pero está claro que a mí los príncipes que salían en las películas de Walt Disney ni el dulce Wesley de La princesa prometida me convencían mucho y yo creo que sé por qué: eran todos ellos unos moñas. Mucho. Y a mí los moñas no me hacen mucha gracia, la verdad.

Si no recuerdo mal, el único príncipe que tenía nombre era el de La bella durmiente y me da la sensación de que era algo anecdótico, porque visto uno, vistos todos. Salía al final, limpito, dispuesto a salvarle la vida a la doncella en apuros que tocaba y, a veces, ni eso, porque necesitaba ayuda. Un bodrio, sin conversación, tan correcto… un aburrimiento. Por si aquellas sensaciones eran pocas, el aroma de moñez se intensificaba con los ídolos musicales de finales de los ochenta y principios de los noventa. Todavía recuerdo a ese mozo de blandiblú y miraguano que era Glenn Medeiros. ¿Quién le engañaría para grabar ese single? Nada cambiará mi amor por ti, siempre sentirás que yo te amo… Nada más escuchar ese estribillo almibarado te surgían los primeros síntomas de hiperglucemia y te preguntabas que para qué serviría un hombre así. Pues para lo mismo que los príncipes de cuentos de hada, para absolutamente nada, así que más te vale, bonita, que vayas aprendiendo a arreglar un enchufe, porque el final feliz no es nada más que el comienzo de otra historia muy diferente. Puede seguir siendo feliz, repleta de momentos hilarantes, pero las apariencias pueden engañar y, en el mejor de los casos, ser un completo aburrimiento. Fueron felices y comieron perdices… no sé, no sé. ¿No puede ser un bocadillo de panceta? Otro final es posible y no lo voy a contar yo porque ya hay otras dos autoras que lo han hecho de maravilla. Aquí os dejo el enlace para que os descarguéis el cuento de Nunila López Salamero y Myriam Cameros Sierra.

Por cierto, ¿dónde estás, Iñigo Montoya?

(Imagen: The frog prince, del Flickr de operapixie)

Anuncios
Esta entrada fue publicada el 08/02/2009 a las 23:27. Se guardó como La educación sentimental y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Azul IV, el «Moñas»

  1. Yon-9 de febrero de 2009 00:55
    ¡¡Wesley no era un moñas!!

    Iñigo Montoya está en Mentes Criminales, ¿no?

    Pues yo me pido ser Principe Azul… aunque a veces me dicen lila.

    Madame Tafetán-9 de febrero de 2009 09:27
    Yon: Wesley es peor que un moñas, es un moñas que va de sobradito. Iñigo Montoya sí que era un tío, de hecho, ¿quién tiene página de fans en el Facebook, eh? En Mentes criminales creo que sólo estuvo en la primera temporada.
    ¿Tú estás seguro de querer ser príncipe azul? Ir en mallas no debe ser muy cómodo, qué quieres que te diga 😛

    BARBITURICOS CON REBUJITO-9 de febrero de 2009 13:44
    ais, es que a mi siempre me gustaron mas los tipos atormentados, hombres de verdad, sin mallas pero con tatuajes! Iñigo Montoya me gusta mas, sin duda, aunque con los tiempos que corren…te puedes liar con el principe azul para que te mantenga y tener a Iñigo de amante,no? total, seguro que el principe se va a tirar a su secretaria..

    supersalvajuan-9 de febrero de 2009 18:53
    El jamón y la mortadela. En la misma estantería del super y tan distintos.

    Madame Tafetán-11 de febrero de 2009 20:25
    Barbie: ¿me ves tú a mí fingiendo con el príncipe azul? Que no puedo, no me sale, además que es que desde que fui al cine a ver La princesa prometida Iñigo me perturbo. Si es que ni de niña he sido medio normal.

    Supersalvajuan: desde luego, calidad de todo a cien y tecnología punta.

    Introspectre-13 de febrero de 2009 23:22
    Siempre he pensado que los príncipes azules son los principales responsables de muchos divorcios… Pedazo de película (y de libro).

    Madame Tafetán-13 de febrero de 2009 23:36
    A mí es que los tíos en mallas… como que de nunca, aparte de que si te descuidas, te vas con papá Pitufo y no con el príncipe.
    Hay mucha pedorra y mucha ilusa que luego así la pasa…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: