El niño suicida

Dentro de unas dos semanas se va a estrenar en España la última película de Brad Pitt y David Fincher (para mí, la última de Cate Blanchett: una de mis favoritas), El curioso caso de Benjamin Button. Cuanto más oigo hablar de ella, más me acuerdo de Rafael Dieste. Probablemente mucha gente no le conocerá y es una lástima porque tiene un libro de cuentos maravilloso llamado De los archivos del trasgo (lo podéis encontrar en edición bilingüe gallego y castellano en la colección Austral, en una traducción un poco mala del ministro de Cultura, las cosas como son). A continuación, tenéis uno de los relatos allí incluido, “El niño suicida”, el cual me he permitido volver a traducir.

Cuando el tabernero terminó de leer aquella inquietante noticia -un niño se suicidó pegándose un tiro en la sien derecha- , habló el vagabundo desconocido que acababa de comer pobremente en un rincón de la tasca marinera y dijo:
– Yo conozco la historia de ese niño.
Pronunció la palabra niño de un modo muy particular. Por ello, los cuatro bebedores de aguardiente, los cinco de albariño y el tabernero callaron y escucharon con gesto atento e inquisidor.
– Yo conozco la historia de ese niño -repitió el vagabundo.
Tras una aguda y bien medida pausa, comenzó:
– Allá por 1830, una beata que después moriría de miedo vio salir del florido y oloroso camposanto de su aldea a un viejo muy viejo en cueros. Aquel viejo era un recién nacido. Antes de salir del vientre de la madre tierra, él mismo eligió cómo nacer. ¡Cuánto mejor ir de viejo para mozo que de mozo a viejo!, pensó siendo un espíritu puro. A Nuestro Señor le chocó la idea pero ¿por qué no hacer la prueba? Así fue que, con su consentimiento, se formó en el seno de la madre tierra un esqueleto; después, con carne de gusano, se hizo la carne del hombre. Y, en esa carne, empezó el hormigueo del calorcillo de la sangre. Cuando todo estaba listo, la madre tierra parió. Parió un viejo en cueros.
El cómo encontró el viejo después ropa y alimento es cosa de mucha risa. Llegó a las puertas de la ciudad y, como no sabía hablar, los alguaciles, tras echarle una capa encima, lo llevaron ante el juez, diciendo que se les tuviese como testigos: aquí le traemos a este pobre viejo que perdió el habla con la tunda le dieron unos ladrones desaprensivos, que ni ropa le dejaron.
El juez dio orden de que el viejo fuese llevado a un hospital. Cuando salió de allí, ya bien vestido y alimentado, le decían las monjitas: Vas hecho un buen mozo, hasta parece que has perdido años.
Por aquel entonces, ya había aprendido a hablar algo y se hizo mendigo. Así anduvo por muchas tierras. En Lourdes estuvo dos veces y, en la segunda, tan rejuvenecido, que los que lo conocían de la primera vez pensaron que era un milagro de la Virgen.
Cuando adquirió suficiente experiencia, pensó que lo mejor era mantener en secreto aquella extraña condición que lo hacía más joven cuantos más años pasaban. Así, si no lo sabía nadie -a excepción de uno o dos amigos fieles-, podría vivir mejor su vida de verdad.
Trabajó de viejo y se hizo rico para descansar de joven. De los cincuenta a los quince, su vida fue cada vez más feliz de lo que se pueda imaginar. Cada día les gustaba más a las mozas y anduvo enredado con muchas, con las más bonitas. Hasta dicen que con una princesa… pero no estoy muy seguro de eso.
Cuando llegó a niño, su vida comenzó a complicarse. Le daba miedo la sorpresa que causaba al entrar en las tiendas tan tranquilo a comprar juguetes y golosinas. En ocasiones, algún ratero de visera calada lo había seguido a lo largo de muchas calles tortuosas. Alguna vez, se comió sus golosinas temblando de angustia, con lágrimas en los ojos y almíbar en los labios. La última vez que me lo encontré -tenía ocho años- andaba muy triste. ¡Cuánto pesaban en su espíritu de niño los recuerdos de su vejez!
Luego, día y noche comenzó a atosigarle una tremenda obsesión: cuando pasaran unos años, lo recogerían en cualquier calle perdida, quizás alguna señora rica y sin hijos. Después… ¡quién sabe lo que pasaría después! La lactancia, los paseos en el carrito, con un sonajero de cascabeles en su tierna manita y al final… ¡oh! El final le espantaba: cumplir su destino de hombre que vive al revés y refugiarse en el seno de la señora rica -puede que cuando ella durmiese- para irse consumiéndose hasta transformarse en una sanguijuela primero, después en un microbio y en una pequeña simiente luego…
El vagabundo se levantó muy pensativo, con las manos en los bolsillos, y empezó a pasear con amargura. Finalmente dijo:
– Ahora me explico, sí, ahora me explico que se pegase un tiro en la sien el pobre chaval.
Los cuatro bebedores de aguardiente creían. Los cinco de albariño sonrieron y dudaron. El tabernero decía que no. Cuando todos discutían animadamente, el tabernero se levantó de pronto de puntillas y miró alrededor, con los ojos muy abiertos. El vagabundo había desaparecido sin pagar.

“El niño suicida” (De los archivos del trasgo), Rafael Dieste

(Imagen: El caballero, la muerte y el diablo, Alberto Durero)

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Esta entrada fue publicada el 27/01/2009 a las 22:10. Se guardó como La mediateca de Alejandría y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “El niño suicida

  1. Zeberio Zato-28 de enero de 2009 10:55
    Vaya!

    Buscaré el libro de Dieste, no lo conocía y me ha parecido un relato maravilloso. El tema no es tan original como parece cuando anuncian la película, y tampoco sé cómo la llevarán a cabo -me imagino que Pitt y la Blanchet lo harán bien, suelen hacerlo-; pero el hecho de que publicaras este relato ha sido un detalle.

    Saludos.

    BARBITURICOS CON REBUJITO-28 de enero de 2009 11:30
    cuando vi anunciada la pelicula, me acordé de Quino, el creador de mafalda, que contaba aquello de la vida al revés, pero no conocia este relato…con cual quedarme?el creador de mi mafalda querida tira mucho pero este relato tiene mas “chicha” asique me quedo con éste.
    te quedas con ganas de mas…

    supersalvajuan-28 de enero de 2009 15:50
    Joder con el relato. Sería chungo eso. ¿Y cuál sería su esperanza de vida?

    Madame Tafetán-28 de enero de 2009 17:26
    Jo, qué gustico ver que os ha gustado el relato.

    Zeberio Zato: me encanta que hayas descubierto un buen libro mientras descubrías mi blog. No sé si ya habrá alguna otra traducción pero, bueno, aunque a mí no me gusta la traducción de César Antonio Molina, se deja leer (porque el contenido de muchos de los relatos es brutal)

    Barbie: ¡pues no hay más! 🙂 Siempre es mejor poder imaginar lo que ocurriría después

    Supersalvajuan: pues está claro que menos de los años que aparentas tener cuando naces. Realmente, es una putada

    Sceliak-28 de enero de 2009 19:48
    Decidió no esperar al orgasmo final… Pero sí, a veces es terminar algo uno mismo antes de que no nos quede opción a poder elegir…

    Introspectre-28 de enero de 2009 21:54
    Vaya… Me ha encantado el cuento… Dieste dijiste, ¿verdad? Dieste, Dieste, Dieste…

    Madame Tafetán-29 de enero de 2009 00:22
    Sceliak: mientras quede opción… siempre es mejor el tener la posibilidad de elegir.

    Introspectre: me alegro de que te haya gustado. No te preocupes, que si se te va la idea, yo te la recuerdo 🙂

    Loli-3 de abril de 2009 20:12
    ¡Pues ya veis!, la literatura gallega…¡LA GRAN DESCONOCIDA!.

    Madame Tafetán-5 de abril de 2009 22:11
    Pues tienes toda la razón, Loli. Yo que he tenido la fortuna de conocerle me parece la mar de interesante, muchísimo 🙂

    Francisco-11 de enero de 2010 19:37
    Excelente cuento.
    Hace días lo leía a mis alumnos en clase y les hizo bastante gracia. Claro que para ellos, la película del Benjamin Button ya era lo primero que conocían.
    Saludos y gracias por ponerlo.
    Francisco.

    Madame Tafetán-19 de enero de 2010 00:47
    Es un cuento maravilloso y aunque es muy cierto lo que comentas, espero que un cuento así sirva para que se acerquen a la lectura

    Anónimo-12 de octubre de 2010 22:55
    Con este conto marabilloso e algúns outros aprendín eu galego cando tiña 14 anos. Algún día espero ler enteiro o libro “Arquivos do trasno”.

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