Andrés Barba

Al final de mi adolescencia, como me ha ocurrido en tantas otras ocasiones, me dio por ir contracorriente. Nada más descubrir que me encantaba escribir y, sobre todo, contar historias con las que la gente pudiera pasar un buen rato, dejé de comprar revistas de adolescentes y de cine y me aficioné a la Qué leer. Para el caso, el efecto era el mismo porque en vez de tener ensoñaciones con ídolos adolescentes las tenía con escritores. El colmo fue que aquella época coincidió con el boom de los jóvenes escritores y yo quería ser uno más. Estaba convencidísima de que lo tenía todo: era joven, era mujer (bueno, estas dos cosas sigo siéndolo) y estaba dispuesta a montar el pollo con Lucía Etxebarría en cualquier programa de tertulias. Por si aquello era poco, me empecé a fijar en sus fotos y fui más allá de su calidad literaria. Más allá de Ray Loriga, que parece el evidente pero que nunca me terminó de convencer, me quedé prendada del aspecto marciano de Antonio Álamo, de la fotogenia de Juan Bonilla y de los enormes ojos azules de Jose Ángel Mañas.

Pero al igual que la locura transitoria que te hace perseguir dando gritos a Dani Martín se pasa, lo de mirar con buenos ojos a los literatos también, a unos más que a otros: sigo pensando que la fotogenia de Juan Bonilla es inigualable, pero escuchar una entrevista de Jose Ángel Mañas no tiene perdón de Dios. La adolescencia se pasa, cumples años y tu visión del mundo varía, ya no es tan apasionada sino que se mezcla con una cierta mesura y racionalidad. Lo que antes eran casi certezas dogmáticas se relativizan y, con un poco de suerte, puedes ser un poquito crítico, si es que has decidido ser un poquito inconformista y no aceptar las cosas tal cual.

Sin embargo, las cosas como son: si ves a alguien terriblemente atractivo, lo vas a pensar, sea el presentador del telediario de los fines de semana sea el panadero de tu barrio. Y eso fue lo que me pasó: una mañana, ojeando el periódico, me quedé en la página en la que hablaban del premio Herralde de hace unos años. Más allá de la noticia (que me interesaba: una es fan de la editorial Anagrama), la foto que la acompañaba ocupó toda mi atención: en ella aparecían el ganador y el finalista y este último me había dejado casi boquiabierta. El chico en cuestión se llamaba Andrés Barba y tenía algo, no sé: quizás sus ojos, ese pelo de príncipe de Beckelar, su look intelectual…

Durante una temporada, no dejó de salir en los medios. Publicación, promoción, firmas, entrevistas… Rita Hayworth decía que los hombres se acostaban con Gilda y se levantaban con ella. Una mañana me levanté con la imagen del chico guapo que había quedado finalista del premio Herralde y a las tres horas me crucé con la persona de carne y hueso. Normalmente, la gente se fija en otro tipo de famosos, mucho más mediáticos, no como yo que, con esta memoria que tengo, en ocasiones rozo el absurdo, pagando en el FNAC al mismo tiempo que Javier Marías o yendo de rebajas con Soledad Puértolas. Una mañana, me encontré con él en la facultad. No es tan raro: apenas me saca unos años, ha estudiado filología, se puede estar doctorando y por eso está por allí. Lo realmente absurdo del encuentro fue que le reconocí por la ropa: llevaba la misma camisa azul marino, camiseta blanca y chaqueta de pana marrón con las que aparecía en la foto de la entrega del premio. Una anagnórisis en toda regla, pero completamente surrealista.

Después de aquella vez, me lo encontré más veces, con su chaqueta de pana marrón. Ya llegaba la primavera a Madrid. Yo ya estaba sacando las sandalias mientras él continuaba con la dichosa chaqueta, que iba a acabar cogiendo solera. Alguien podrá pensar que se me cayó el mito pensando en la frecuencia de uso de su ropa, pero no fue así. Lo que pasó es que al año siguiente cambió la chaqueta por una rebeca de abuelillo, empecé a encontrármelo en la línea dos y en la estación de metro de mi barrio y me dediqué a observarle mientras tomaba café por las mañanas en la cafetería de mi facultad. Pero no era una mirada embobada sino más bien descojonada porque empecé a comprender el por qué de sus chaquetas: eran exigencias del guión. El guión de una pose: pose de intelectual. Sólo le hubiera faltado ser miope para poder llevar unas gafas que le achicaran los ojos y le hicieran la mirada aún más interesante. Por lo demás, lo cumplía a la perfección. Las chaquetas, su melenita, su estudiada soledad, su forma de fumar y lo que más me gustaba: los cinco o seis libros que llevaba debajo del brazo. Al igual que para mí el que los zapatos y los pendientes combinen es algo casi indispensable a la hora de salir de casa, para él era muy importante aquella montañita de libros, que siempre dejaba a la vista cuando se sentaba en una mesa para tomarse el café, en la barra cuando lo pedía o frente a él, cuando se sentaba en el murete exterior. Aquellos libros decían claramente ¡mira qué interesante que soy! Durante una temporada, la cima de todos ellos era una novela de Clarice Lispector.

Cada vez que lo veía, me entraba la risa y me daba por pensar en que, si levantaba el primero de aquellos libros, seguro que debajo habría un DVD de Tarkovski.

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Esta entrada fue publicada el 17/01/2009 a las 22:29. Se guardó como La educación sentimental y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

3 pensamientos en “Andrés Barba

  1. Pingback: La educación sentimental no es de Flaubert sino de la Súper Pop « Comer pensamientos

  2. marta en dijo:

    Un tipo que asesora a un amigo y se folla a su novia. Cosas de la pose, supongo.

  3. supersalvajuan-18 de enero de 2009 09:51
    Lo que pillaría con esa chaqueta en primavera sería un sarampión importante, el muy intelectual. Si al final todo es fachada.

    B-18 de enero de 2009 11:43
    Me ha encantado tu historia.Aunque te llevo unos años yo tambien pasé por esa fase de fijarme en las fotos de los libros y encontrar atractivos a algunos de ellos ( por cierto, que mal envejeció Javier Marías),lo que pasa que a mi me daba tiempo a correr detras de Miguel Bosé y Los Pecos ( Je, je , ya te he dicho que te llevo unos años) y al mismo tiempo ponerme en la cola de firma de ejemplares de la Feria del Libro de Madrid para verles la cara a todos.
    Por circunstancias de la vida, tengo contacto con muchos escritores aficionados, gente que empieza a escribir y se presenta a premios literarios pequeños y , la verdad es que hace mucho que no veo ninguno atractivo.Normalmente el escritor tiene un gran ego y es un gran exhibicionista ( esto se puede aplicar a otras artes).En las mujeres escritoras por el contrario si que encuentro algunas que podria considerar como atractivas o por lo menos con “algo”.
    Por cierto , que tal es como escritor este Andres Barba?

    Madame Tafetán-18 de enero de 2009 17:26
    Supersalvajuan: pues imagínatelo, porque en la supuesta primavera madrileña hace un calorcito… A mí me llaman guiri porque con los primeros rayos de sol ya estoy sacando las sandalias pero es que hay días que no hay quien pare.

    B:seguro que no me llevas tantos años 😀 La verdad es que el fenómeno fan nunca me dio tan fuerte y por eso he mencionado a Dani Martín, porque si tengo que recordar algún ídolo adolescente de la última mitad de los años noventa me cuesta.
    Sí que ha envejecido mal Javier Marías, la verdad, y lo de este chico… no pierde tanto al natural como Juan Bonilla pero no es lo mismo, la verdad, sobre todo por sus piernas: no está muy proporcionado que digamos. En cuanto a su calidad como escritor, pues no escribe mal pero vamos, no va a cambiar el rumbo de la literatura y le tengo un poquito bajo sospecha desde que publicó un ensayo llamado “La ceremonia del porno”.
    En cuanto a lo del atractivo de las escritoras, tienen esa fortuna que tenemos las mujeres, que a partir de los treinta (sólo me queda un añito) perdemos turgencia pero ganamos en “algo” si decidimos no abandonarnos malamente.

    ernesto51-18 de enero de 2009 22:24
    Buen recorrido por los escritores, loslibros y la filología pedestre (me encanta este término). Yo no me remito a mi etapa juvenil de lector y seguidor de escritores porque tendría, por mi año de cosecha, que hacer referencia casi al duque de Rivas y Quevedo como mucho.

    Un placer leer tu texto

    Madame Tafetán-18 de enero de 2009 22:37
    Ernesto: anda, anda… vaya un exagerado, remitirse al moñas del duque de Rivas 😛
    Encantada de que te haya gustado

    Anónimo-19 de enero de 2009 22:59
    Qué libro me recomendarías de Andrés BARBA?

    Madame Tafetán-19 de enero de 2009 23:05
    Quizás, “La hermana de Katia”, pero no a todo el mundo. Aconsejaría abstinencia a los lectores masivos de best-sellers

    Anónimo-20 de enero de 2009 02:12
    Sólo he leído Historia de nadas y me gusto.
    También lo he leído a mis alumnos y les encanto.
    No tenía más referencia del escrito…pero creo que es bueno.
    Por cierto, no me gustan los best sellers.

    Madame Tafetán-20 de enero de 2009 09:48
    Hombre, esto va en gustos. Contando con que no sé quién eres me resulta muy complicado recomendarte un libro en concreto. Vamos, ya me ocurre con la gente que conozco porque es algo muy personal

    anonimo-21 de febrero de 2009 03:24
    yo te recomendaría el ultimo. las manos pequeñas, me ha parecido cojonudo. Y la verdad es que vaya o no vya de escritor me la pela, igual que me la pela tu desencanto soso de filologa. Mientras escriba cosas así…

    Madame Tafetán-21 de febrero de 2009 10:03
    A mí me la pela tu macarrismo blandengue, que te hace poner tildes y mayúsculas de forma arbitraria. Por lo demás, es que no sé de quién hablas.

    Anónimo-11 de agosto de 2009 01:52
    eres una tolili que no llegas ni a snob y ya te he visto yo con las típicas chapitas pseudoprogre-chic de hollyhobbie, que ya hay que tener valor! Lee y aprende Niñata

    Madame Tafetán-11 de agosto de 2009 13:12
    Estoy mirando en mi habitación pero mira que no encuentro ni una chapita, ni de Holly Hobbie ni de otras. No sé, quizás nunca las tuve.
    No hace falta que me exhortes a algo que es el leit motiv de mi vida. Quizás tú deberías leer a Horacio y a Juvenal, para saber distinguir realidad e ironía

    Anónimo-21 de noviembre de 2009 17:36
    Por casualidad, estas subscrita a la revista eñe

    Madame Tafetán-23 de noviembre de 2009 00:20
    ¿Es una pregunta o una afirmación? Te diría que no pero si lo estoy, no le presto atención

    Anónimo-18 de enero de 2010 00:58
    SIGO PENSANDO QUE ES MUY GUAPO

    Ruby-18 de enero de 2010 21:10
    Realmente nunca he entendido la creación de mitos y el sindrome fan. Me parece algo totalmente comercial y occidental. Disculpen las molestias.

    Madame Tafetán19 de enero de 2010 00:49
    Anónimo: nadie ha dicho lo contrario

    Ruby: ¿crees que es completamente occidental? No estaría yo tan segura y no se trata de un “fenómeno fan” como tal

    Anónimo-20 de enero de 2010 02:27
    No soy fan de él…..sólo digo lo que creo que es: que esta guapisimo

    Madame Tafetán-21 de enero de 2010 23:43
    Nadie dice lo contrario, repito.

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