Granjero busca esposa


A la gente le suele resultar muy gracioso cuando digo que no me gusta el campo, no sé por qué. Tanta gente hablándome de los beneficios de un día en comunión con la naturaleza, respirando aire puro, sin contaminación acústica… en definitiva, recreándome el mito del buen salvaje en versión dominguera. Cuando la gente me escucha decir que la naturaleza no está hecha para mí tengo la sensación de que me ven como la novia de Matt Dillon en In&Out: tan, tan urbanita que apenas sé marcar un número de teléfono en un aparato de hace casi 30 años.

¿Quién no sueña con fines de semana románticos con su pareja, en casas rurales de ensueño enclavadas en parajes idílicos? Yo no. Es más: creo que es esa información fundamental que doy a conocer en todas las primeras citas para evitar grandes chascos en el futuro. Una traga con los atardeceres en el templo de Debod, que últimamente es punto fuerte entre los metrosexuales de Madrid, por aquello de que tampoco dura mucho rato y porque puedes repasar tranquilamente la lista de la compra en semejante momento contemplativo, pero ¿qué hago yo dos días entre árboles, vestida con ropa de sport, recogiendo castañas? Pues hiperventilar, a ver si con un poco de suerte me mareo y el tiempo pasa más deprisa.

Así planteado, el momento rural puede ser evitado con cierta facilidad pero ¿qué ocurre si el chico en cuestión es agricultor? Alguno podrá decir que “ajo y agua” y algún otro más osado se atreverá a lanzarme un exabrupto para preguntarme qué coño hago yo fijándome en alguien que me va a causar tantos quebraderos de cabeza, pero nada más lejos de la realidad. El joven agricultor es el fruto de las buenas intenciones de una amiga mía que pensó en mí cuando el mozo, en edad casadera y con un poder adquisitivo bastante notable, le preguntó por alguna amiga que estuviera libre. Sí, ésa era yo, pero yo no me enteré hasta pasados unos días cuando veo en el Facebook de mi amiga una serie de comentarios del mozo acerca de mí y de una foto mía con gafas de sol. Mi sarcasmo afloró y le dije que por lo menos la foto era mía y no como la suya, en la cual aparecía el gobernador de California caracterizado como Terminator.

¿Cómo resistirme a los encantos de Mister Olimpia? Si yo fuera como mi abuela quiere que sea no sería tan reacia a estas ofertas pero una tiene muy malas costumbres, fruto de la postmodernidad imperante. Me ha pedido ser mi amigo en el Facebook, ha tenido taquicardías al ver mi nueva foto, ha destacado lo guapa que soy y lo bonitos que son mis ojos, ha lamentado sus patochadas y hasta ha cambiado su foto y ha modificado su perfil para que yo viera cómo era. Pero una no está preparada para aventuras tan viejunas: leer que estaba en la lista de sus posible novias y el que siempre hablara de mí así me causaba tal rechazo que prefería no decir nada para no gritarle que no era un objeto decorativo indispensable. La cosa no mejoró cuando vi su foto y su descripción: más bajito que yo, masajista y agricultor. ¿Se pueden reunir tantas condiciones para espantarme? Como si de un folletón decimonónico se tratara, el mozo pena de amor pensando que me he ido con otro y que todo lo ha estropeado por sus torpes observaciones acerca de mis gafas, así que decide escribirme para pedirme perdón. A veces Murphy tiene razón y todo es susceptible de empeorar: se suceden las disculpas, los halagos y los buenos deseos sin ningún tipo de argumentación y coherencia textual. Mi poco corazón se va por la alcantarilla y le mando a la mierda con un correo mucho mejor escrito y rematado por una frase lapidaria:

La próxima vez que escribas algo, revísalo, porque está claro que no eres James Joyce y el fluido de conciencia no es lo tuyo.

La cuestión es que el mozo no sabe quién es James Joyce, aunque qué me esperaba.

(Imagen: Gótico americano, Grant Wood)

Anuncios
Esta entrada fue publicada el 22/12/2008 a las 16:20. Se guardó como La educación sentimental, Yo y mi circunstancia y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Granjero busca esposa

  1. supersalvajuan-22 de diciembre de 2008 21:37
    Que sepas que esos teléfonos son muy instructivos. Luego siempre se puede utilizar eso para otras cosas. Y viva James Joyce.

    Reina.M-23 de diciembre de 2008 01:12
    yo odio el campo por los bichos.Y no soporto a mis amigas cenicientas jajaja.un besito

    Madame Tafetán-24 de diciembre de 2008 11:26
    Supersalvajuan: ¡claro que sí? De hecho, me encantan y echo un poquito de menos la rueda para marcar.
    Dos vivas por James Joyce, sobre todo porque su respuesta fue que yo no me parecía a Isabel Allende y, la verdad, ni ganas que tengo de parecerme.

    Reina.M: digamos que los bichos es también uno de mis argumentos. Lo de las amigas… hay que reconocerle su buena intención y el buen concepto que tiene de mí. El problema es que esto se lo cuenten a alguien con un concepto vital tan diametralmente opuesto al mío.

    FERNANDO LARROSA LANAU-27 de diciembre de 2008 12:25
    vaya encantado de haber descubierto este blog, espero volver por aqui
    saludicos

    Morlaa-30 de diciembre de 2008 13:21
    Hola! jaja He descubierto tu blog y me está gustando, pero la verdad es que me da un poco de pena el amigo de tu amiga, osea el agricultor bajito!
    A mí no me gusta el campo especialmente, pero no lo digo que no a un fin de semana romántico en la sierra, la verdad 😀
    en fin que escribes genial! estoy encantada de haber descubierto este site!
    saludos y feliz año!

    murreli-30 de diciembre de 2008 17:55
    lo mejor de los telefonos antiguos, es cuando quieres escuchar el buzon de voz y “pulsar” el 1 para volver a escuchar el mensaje.yo estoy contigo madame, aunque ir al campo a hacer curas de sueño de vez en cuando no se lo niego a mi organismo, pero en otoño mejor que no hay bichos.
    ah!y al granjero…ya sabes lo que opino de los pajiyeros maduros.
    un beso!

    Madame Tafetán-30 de diciembre de 2008 23:16
    Fernando: saludos para ti tambien y, ya en la fecha que estamos, feliz año. Me alegro de que te haya gustado el blog.

    Morlaa: hombre, en una situación normal, da penica, pero cuando ya se pone muy pesado y pasteloso es preferible ser un poquito burra, por mi bien y por el del resto de las personas que estaban alrededor aguantando los delirios decimonónicos de mozo. En cuanto a lo del campo, a mí me causa una reacción opuesta a la del resto de la gente: me pone muy nerviosa y es para preocuparse porque yo soy muy tranquila.

    Murreli: curas de sueño… si te digo que ha llamado cinco veces mi padre al timbre hoy por la tarde y yo ya estaba tan fusionada con el sillón que ni me he enterado, ¡en media hora!. Sí, ya sé tu opinión y el diagnóstico de Manu… no voy a añadir nada más.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: