Quiero quemar su armario


Aún hoy sigo soñando con bajar una cremallera y encontrarme unos calzoncillos como los de Eru. Para lo que van a durar puestos, pensara alguno, qué más dará como sea la ropa interior del varón afortunado. Pero a mí si me importa: si yo misma me considero una esteta, si yo misma ejerzo la censura estética en algunas ocasiones, ¿cómo no voy a tener en cuenta el diseño de los calzoncillos? Y es que no puedo olvidar cierta noche en la que, después de liarle con malas artes y montar mi numerito de seducción, me tuve que enfrentar a aquella visión: la líbido estuvo a punto de irse al garete y yo misma a la calle, a medio vestir. Todavía los tengo grabados en mi retina: al bajarle los pantalones encontré los calzoncillos más feos que jamás pude imaginar, sólo superados por los de color agua caliente que usan los abueletes. Aquellos slips de color rojo, con los elásticos blancos… aquel trozo de algodón con fibra que constreñía la nariz de Gonzo… No sé cómo pude continuar: una y otra vez volvía aquella imagen, tan sórdida como dejarse los calcetines o el reloj a la hora de follar.

De hecho, las siguientes ocasiones en las que nos enrollamos recé por que aquella experiencia no volviera a repetirse. No, no volvió a pasar. Sin embargo, él nunca se caracterizó por su excelso gusto a la hora de comprarse ropa interior. Ni los jerseys… Ni los gorros de lana. De hecho, cuando este verano se planteó la posibilidad de que volviéramos (o de que empezáramos a ser algo más cotidiano), sentí un cierto repelús por la espalda según volvía a mi casa al recordar lo excelso de su gusto a la hora de vestir. Automáticamente pensé cuándo podría quemar su armario. Los vaqueros con pinzas, esas camisetas que se remete por dentro, los cinturones de papá, los jerseys de fibra en los que podrías prender una cerilla, esos gorros de turista accidental, los calzoncillos rojos… ha habido más de una tarde que esperé una sandalias con calcetines pero nunca llegaron, para mi alivio.

Me hubiera resultado agotador y, al terminar, ya no sería él. Empiezas a escarbar y encuentras mil cosas que te disgustan, mil cosas que ni siquiera vas a tolerar y de las cuales te empiezas a reir con cierta acritud.

Llegados a ese punto, te das cuenta de que más estúpida vas a ser tú si pretender aguantar eso, sus manías, sus indiscreciones… Su ropa.

(Imagen: Autobiografía, Sol LeWitt)

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Esta entrada fue publicada el 17/11/2008 a las 11:03. Se guardó como La educación sentimental, Los hombres sin atributos y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

Un pensamiento en “Quiero quemar su armario

  1. supersalvajuan (17 de noviembre de 2008 15:40)
    ¿Acaso era un zombie?
    http://es.youtube.com/watch?v=HJEySrDerj0

    Madame Tafetán (17 de noviembre de 2008 16:43)
    No, es un chico de treinta y poquísimos que hace que mi padre sea de lo más moderno. Voy a hacer una cruzada contra los jovenzuelos vestidos de papá.

    ernesto51 (17 de noviembre de 2008 17:44)
    El mejor regalo, envelto en papel de periódico pierde su encanto. Envuélvele para regalo.

    Genial tu relato qe me ha hecho disfrutar esta tarde de lunes. Gracias (y comprale unos KC en condiciones)

    murre (17 de noviembre de 2008 17:48)
    jo hija, parece sacado de torrente…jajajajaja!!has conseguido que lo visualice y me den arcadas. En mis ratos libres podria echarle una mano con lo de la ropa, pero como tambien necesitaria un psicologo para el desapego paterno-textil, mejor quedamos tu y yo y no vamos de cañas.

    Almudena (17 de noviembre de 2008 20:25)
    Yo añadiría una camiseta de cierto festival de música del noroeste de la Comunidad que, creo que por caridad, has omitido…

    Madame Tafetán (17 de noviembre de 2008 22:42)
    Ernesto: nunca lo hubiera expresado mejor. Me alegro de que mi mal rato te haya hecho pasar un buen rato.

    Murre: tú has visto ese jersey rojo, ¿no te ha dado cosita? No te merece perder el tiempo, a no ser que sea tomándote otras jarritas de cerveza conmigo.

    Almu: me has pillado, he omitido por caridad la camiseta del Galapajazz, pero es que la imagen de los calzoncillos superó con mucho lo de aquella camiseta

    ERU (27 de noviembre de 2008 18:48)
    Veo que empiezas a tratar a mis gayumbos casi como un organismo con vida propia… y seguro que les quieres más que a mí!!!

    Qé injusto es el mundo…

    Madame Tafetán (7 de diciembre de 2008 01:05)
    Eru, tus calzoncillos ya forman parte de mi educación sentimental. No te pongas tontorrón que ya sabes que a ti te quiero más 😛

    Yon (7 de diciembre de 2008 16:21)
    Siguiendo a Ernesto. Si lo envuelves con TU papel de regalo, ¿será un regalo para tí¿ ¿se convertirá en una bella pieza de museo con la misma apestosa esencia?

    Madame Tafetán (7 de diciembre de 2008 23:08)
    Yon: la cuestión es que la idea de cambiar a alguien de tal forma me resulta repulsivo. El único papel de regalo que puede modificar esa impresión mía es la enajenación mental transitoria que produce el encoñamiento.

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