Asustar a los hombres

Que no se te olvide lo de la paridad.
No, no se me ha olvidado, si ya sé lo que le voy a decir.
¡Ah! ¿Sí? Cuenta, cuenta…
Los salarios de esta empresa son patriarcales: impiden la emancipación económica de una mujer independiente.

A veces me doy miedo a mí misma, lo reconozco: me puede la retórica y más cuando me tengo que poner reivindicativa. ¿Que si lo he dicho? Más o menos, me he bajado de mi atril imaginario y he adecuado mi discurso a mi “auditorio”: la jefa de recursos humanos. Pero la verdad es que no he tenido mucho éxito y poco menos que he quedado como una mentirosa. Todo se arregla con jornadas reducidas para madres acomodadas, pero y el resto de mujeres, ¿qué pasa con nosotras?

Así, de manera recurrente, de un tiempo a esta parte, tiendo a imaginarme como la mujer de 50 pies. Soy esa incomprendida a causa de su grandeza, y no me refiero a mi casi 1’80 y mi cuerpo tipo campana (como diría el Ministerio de Sanidad), sino a mis capacidades, a mis proyectos, a lo que yo soy, en definitiva. No es una cuestión de soberbia sino una forma de reafirmarme, pues hay veces que te crees lo que los demás creen ver en ti. Y sólo ven lo que quieren ver, manipulan su percepción hasta convertirte en algo que no les resulte amenazante. Pues no, no soy tan básica, ni tan limitada, ni tan pequeña como alguien quiso ver. Su error fue infravalorarme para no sentirse tan culpable y lo seguirá haciendo, porque le gusta verse en el rol de senex, le gusta ser la persona experimentada, el que ha vivido tanto, el que ya siente que ha de sentar la cabeza, que se ha de colocar en un sillón de orejas, con unas pantuflas de cuadros, a ver cómo se prolonga su frente y comienzan a salirle pelos en las orejas. La crisis de los 30.

Vamos a soltar lastre. Mientras él se queda ahí tranquilito yo voy a volar y ni siquiera voy a volver cuando sea invierno porque el camino está hacia delante y no hacia atrás. Y sé que no voy a ser la única, somos muchas, y en ocasiones esto parece un problema, el no necesitar legitimizarse gracias a otro, y lo que conlleva: un rol rancio, acorde con ese sentido original del matrimonio como contrato de intercambio, de dinero y de niños. Quizás soy un poco tozuda, pero tengo muy claro quién soy yo y que si alguien me pretende cambiar, que no me hubiera elegido y que se compre una muñeca hinchable.

Aún les cuesta a algunos (no sé si muchos pero sí lo suficientemente significativos) vernos de igual a igual y todavía pretenden establecer su superioridad, así que es mejor que no se les cuestione, no sea que sus pies de barro se desvanezcan. ¿No han pensado en darse otra vuelta de tuerca y reencontrarse consigo mismos, con algo más que lo que exija la testosterona? Porque seguro que pueden ser mucho más que lo que la tradición exige de ellos.

Así que, mientras esperamos que la “liberación” masculina llegue, yo seguiré aquí, asustando a los hombres, que está empezando a convertirse en una afición.

[Imagen: cartel de la película Attack of 50 foot Woman de Nathan Juran]

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Esta entrada fue publicada el 28/02/2008 a las 22:14. Se guardó como Feminismo troll, Otros pequeños placeres, Yo y mi circunstancia y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Asustar a los hombres

  1. Así que lo de asustarme lo haces por afición, eh? qué pillastre…

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