La semiótica es cosa de mujeres

Esta semana te llamo. Eso era el domingo, y ella, en su urgencia mental, pensó que sería mañana lunes, por la tarde cerca de la noche a más tardar, pero pasó el martes, el miércoles… el viernes ya estaba desesperada, como tantos otros era un mentiroso, no estaba interesado, pero, como no sabía decir no, le había dado falsas esperanzas. Se contó a sí misma mil mentiras bajo la forma de disculpas y otros incidentes, pero ya había hablado con su mejor amiga para desahogarse y constatar qué tipo de gañán era aquel tipo. ¿Qué digo un gañán? Un cabronazo, con todas las letras. Finalmente llama, y no comprende la susceptibilidad de su interlocutora, ese tono melodramático que todo aquello está tomando, y le pide que no dude de él, que claro que quiere seguir quedando con ella, o hablando por teléfono, que le gusta, y que no sabe por qué pensar que no es así.¿Cuántas veces se repiten situaciones como estas, o malentendidos de este tipo? Puff… infinitas, y se seguirán repitiendo, porque aunque los hombres se vayan haciendo sensibles, la guerra de los sexos continuará porque las concepciones de ciertos conceptos son completamente diferentes, con pocos visos de hacerse compatibles, como por ejemplo, el tiempo. Pero más allá de la cultura y de la filosofía, siempre está detrás el lenguaje y el engaño que procura detrás de lo que nombra. A mediados del siglo XX, la lingüística llegó a ser global gracias a la pragmática y al análisis textual, mientras que la semiótica también hacía algo parecido con la cultura. ¿El qué? Estudiaba las cosas en su contexto, con lo que había, lo que hubo y lo que habría, contando con el conocimiento del mundo que cada interlocutor tendría. Lo que no se decía ya tenía un espacio en el estudio, pero ¿en que pensaban Austin y Searle, o Umberto Eco…? Realmente, ¿cuántas deducciones hace el individuo medio cuando se está comunicando con alguien? Tras muchos delirios filológicos, y varios desengaños “amorosos”, una llega a la conclusión de que los análisis pragmáticos y semióticos son patrimonio exclusivo de las mujeres, pues sacamos un abanico de posibilidades interpretativas de cualquier detalle cotidiano, y de la misma forma, calculamos la reacción del antagonista. Pero él no. Él no sabía que provocó todo eso. Él desconocía que pudiera suscitar aquellas reacciones. Él sólo dijo eso: sujeto, verbo, predicado. Ni siquiera un miserable complemento circunstancial que dijera algo distinto en función de su lugar en la oración.

[Imagen: secuencia de El increíble hombre menguante (The incredible shrinking man), de Jack Arnold]

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Esta entrada fue publicada el 31/08/2007 a las 14:56. Se guardó como Filología pedestre, La educación sentimental y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

3 pensamientos en “La semiótica es cosa de mujeres

  1. El tenía mejores cosas qué hacer, en lugar de estar perdiendo el tiempo miserablemente buscando tres pies al gato, no sé de qué manera se te ocurre introducir la filología en un hecho tan mundano y procaz como los delirios de una mujer, la filología debería estar situada en el más alto grado de la metafísica como la cosa en sí, como Dios… no es un fin el que un hombre llame por teléfono o las cosas ulteriores que podrían significar, es más bien una obscenidad involucrar ese concepto, ¡pardiez!, ¿qué clase de animal puede expresarse de esa manera?, posiblemente el sentido en el que tomas la semiótica si es expresamente para la mujer, como símbolos inexistentes y fantasmagorías del intelecto, o quizá como la nubosidad del intelecto en sí.

    • La filología está en todas partes y como tal este es un ejemplo como otro cualquiera, de los miles que se usan en pragmática. Pero visto el tono de ciertas expresiones tuyas, al más puro estilo “misoginia de los padres de la iglesia”, ya veo que es un pecado horrible.

  2. Eva en dijo:

    Ana, me ha encantado esta entrada; ¡cuánta razón tienes!; en relacion con esto hay un libro de una lingüista norteamericana que describe muy bien las diferencias lingüísticas entre los hombres y las mujeres, y así, pretende ayudarnos a entender un poco más al otro sexo. El libro se llama You just don´t Understand. Un beso y a ver si me llamas para ir al cine

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