Misiva de adiós al benjamín de los Alcántara

Mi nunca bien amado Carlitos,

Ya sabes que ayer fue mi último día en el archivo y después de un mes de compartir jornada laboral puedo decir que no lamento el haber compartido esas horas contigo porque me has enseñado lo que no quiero ser. Efectivamente, tú.

Sé que es duro oírlo de una boca tan impura como la mía, pero no guardo ningún sentimiento encontrado contra tu persona, pues una entiende que nunca logrará estar a la altura de tu bajeza moral y formaré parte de esa gran masa que no merece tus atenciones y sí tu descrédito. No obstante, mi escasa vejez respecto a ti y mi injustificada calidad materna me obligan a cometer la osadía de aconsejarte el cómo desempeñar tu trabajo: saca bien punta al lapiz y escribe claramente en los expedientes pues de ti depende que la posteridad sepa de qué trataban esos papeles; no te hagas el remolón cuando te toque limpiar una caja y no cuentes con que el protozoo vaya a hacerlo pues en el arte del escaqueo, él te gana perdiéndose en el cuartucho del archivo (será que la luz es más abundante y los tropismos más frecuentes); date cuenta de que los tiempos han cambiado y ya no es como cuando entraste en el refugio nuclear: las mujeres no son tus “chachas”, aunque idolatremos tu cuerpo de extraterrestre tripón y brazilargo, y tus estiramientos tipo Eva Nasarre con gemidos precoitales. Por último, sólo me queda plantearte una disyuntiva de tanta importancia como la que se le planteó a Aquiles: si quieres progresar en esta vida, demuestra tu capacidad de decisión y tu sentido común y no cuentes con el ¿consejo? del jefe, pues así ejercitarás esos rasgos que se aprecian tanto en algunas empresas; por el contrario, si pretendes seguir en ésta, sigue así, adocénate y no pienses por ti mismo: se buscan licenciados, sí, pero de los que padecen titulitis, con síntomas de mengua de sus capacidades intelectuales ante una mayor carga lectiva.

Pese a todo lo dicho (una tiene el defecto de hablar de más), sigue así: nunca habrá muchas personas como tú, y Dios nos libre, pues no sabes lo nocivo que es escucharte: induces al suicidio colectivo. Disfruta de tus días de pedante, y recuerda las palabras de Unamuno, “un pedante es un estúpido adulterado por el estudio”. Así era a principios del siglo XX; hoy día, se conforman con la lectura sucinta de los suplementos de cultura, de algunos fanzines que creen ser subversivos y en la asimilación no tamizada de tópicos, y dan como frutos discursos vacuos e inconexos, llenos de incoherencias causadas por el desconocimiento. Continua con tu adoración de ese becerro de oro que es Sánchez Dragó, y lo dicho, sigue así: eres un modelo de lo que no se debe ser si pretendemos que el mundo sea aún un recinto social. Si en algún momento de tu vida te falta el apoyo de alguien, date cuenta de lo que ocurrió: los prejuicios conducen al ostracismo más ingrato.

Ha sido un asco el haberte conocido.

Mis más ingratos saludos,

Una bizarra

[Imagen: fotografía promocional de la serie Cuéntame]
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Esta entrada fue publicada el 29/01/2007 a las 23:33. Se guardó como Trabajo y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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