Ya vale de apelar a la etimología de la palabra ‘matrimonio’ por parte de ciertos sectores para negar la unión de dos personas del mismo sexo. Etimología, etimología… realmente, ¿saben a lo que se refieren? Lo dudo. Mucho.
Pregunta para todo el que esté leyendo esto: ¿a nadie le resulta curiosa la similitud formal de las palabras matrimonio y patrimonio? Un parecido poco casual, más allá de la variación de un fonema. Supongo que ‘patri-’ y ‘matri-’ no necesitan demasiada aclaración en cuanto al significado que encierran (padre y madre, respectivamente), pero ‘-monio’… ¿qué significado aporta ‘-monio’ dentro de esta palabra compuesta? Pues procede de la palabra latina ‘munia,-ium’ que significa “deberes, cargos, funciones, ocupaciones”, que al formar parte de otro término abre su primera vocal y aporta como significado “calidad de”.
Sí, efectivamente ‘matrimonio’ significa etimológicamente “calidad de madre, las ocupaciones propias de una madre”. ¿Por qué? Por una cuestión tan moral como que el matrimonio permitía a la mujer el ser madre. De acuerdo, entonces, ¿dejamos de llamar matrimonio a aquellos que resulten estériles y no traigan descendencia a este mundo? Al fin y al cabo, no están cumpliendo con la ‘calidad de ser madres’. ¿Y las monjas? ¿Qué pasa con el llamado matrimonio con Dios que tienen ellas? Ellas no son madres. Es más, si se quedan embarazadas no vale apelar al espíritu santo como comodín de la llamada.
Ahora bien, el patrimonio (sí, no me he olvidado de él), ¿qué es etimológicamente? La calidad de ser padre. ¿Qué significa actualmente? Son los bienes materiales, el dinero. Ah, vale, ¿no hay mujeres que tengan patrimonio? Es más, ¿es necesario que las mujeres nos casemos para tenerlo?
Pues sí, como más de uno estará intuyendo, la etimología de matrimonio y patrimonio son de lo más machista que te puedas imaginar, tan patriarcal como la cultura en la que nacieron dichos términos. Si echamos mano de la antropología, daremos con la clave del asunto: ¿qué hacía el hombre, el padre, dentro de la familia? Llevar el dinero a casa, generar un patrimonio, una herencia, un beneficio pecuniario para su mujer y sus hijos. ¿Y de qué se encargaba la mujer, la madre? Del “legado cultural”, por llamarlo de alguna manera: de enseñar la lengua, los valores, las tradiciones… la crianza de los hijos, vamos.
Y digo yo, ¿la sociedad sigue manteniendo esos esquemas? Pues fíjate, como que no, como que las mujeres, con la Revolución Industrial y, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial, nos hicimos también trabajadoras, y de la educación de los hijos se encargan ambos, incluso deberíamos incluir en este terreno a los abuelos. No sé… ha cambiado mucho el mundo desde que se creó la palabra ‘matrimonio’ y desde que los cristianos decidieron adoptar esa palabra para uno de sus sacramentos. Y, sobre todo, las palabras son de los hablantes, que las cambian con el uso, no de los cultos y ritos organizados.
Las palabras cambian, mucho, más que los cerebros esclerotizados de algunas personas.
[Imagen: Escondite libre 2.0]

enhorabuena por la entrada. muchas gracias por la aclaración de los términos, has sido muy directa y clara en la exposición. así da gusto
Qué arte de entrada! Muchas gracias.
ufff… como filóloga que eres, cuida un poco más la etimología y las derivaciones de la raíz, centras parte del discurso en una idea correcta pero incompleta probablemente te falta la parte del contexto histórico, si nos centramos en la roma en la que se comienza a usar, matrimonio, calidad de la mujer no expresa una unión entre hombre y mujer, sino más bien un “contrato de propiedad” sobre la mujer, con todo lo que conlleva incluyendo pero no limitándose a reproducción.
Si bien el término tal y como lo conocemos y usamos viene de la adopción de la palabra para el sacramento eclesiástico y con la iglesia hemos topado. Donde el mayor problema viene de ahí donde el uso de la palabra ya no está sujeto al “libre mercado” por así decirlo del uso y desuso.
Por supuesto que las palabras cambian y que gracias a dios ya no vivimos en la antigua roma, (que por cierto no dista mucho de la Grecia en la que las verdaderas relaciones se daban entre hombres y la mujer solo era un objeto puramente reproductivo) no obstante, esgrimir el uso de la palabra matrimonio a unión entre hombre y mujer es más que correcto si nos centramos en el uso actual y definición por la RAE.
Ahora bien que este argumento sea una gilipollez y que si pueden cambiar la constitución en una noche se puede añadir una acepción a la RAE pues también oye que para algunas cosas somos muy listos y para otras sinceramente creo que nos toman por gilipollas
Sí, he omitido datos, pero porque supongo un mínimo cultural entre los lectores. Que era un contrato en propiedad, evidentemente, y hasta hace bien poco (ni siquiera un siglo, siendo optimistas), sigue siéndolo, aunque ahora no prime la dote y el generar descendencia entre otras cosas sino prestigio y otras cuestiones.
Y tomar la RAE como base para legitimar ciertos temas es un error: sí, es una opinión de prestigio, pero es una opinión al fin y al cabo, de una institución formada por viejos chochos y gente que no debería estar, que se rigen por lo que el dinero y la fama les dicta. Y su acepción de matrimonio es tan discutible como tantas otras decisiones que toman, sobre todo de un tiempo a esta parte.
Puede ser que tengas algo de razón en tus planteamientos; pero es triste que la forma de defender esos argumentos en pro de la promiscuidad sea con la ofensa y descalificación del oponente… “gilipollas, viejos chochos, dinero, fama”… qué pobreza de moral… comencémos respetando a los demás si queremos que nos respeten… nuestras desviaciones…
¿Algo de razón? Siento comunicarte que no es una opinión sino una serie de pruebas científicas, englobadas dentro de la filología.
Y a la RAE no la descalifico sino que la describo después de analizar quiénes son sus componentes, qué ha movido a su último director y por qué han sido sus últimos nombramientos. Igual que puedo describirte a ti después de leer tu comentario y todos los prejuicios que de él subyacen como un mojigato cuya razón está nublada por la fe
Muchas gracias por la clase. Lo digo sinceramente, porque soy una amante de las letras pero no estudié Filología (me hubiera gustado). He twitteado tu artículo, porque la cultura merece difusión.
Yo no sabía el origen etimológico de la palabra matrimonio, y está claro que si apelamos a su sentido primitivo, sólo podría aplicarse a los casos en los que hubiera descendencia. Huelga decir que ha quedado obsoleto, en cuanto a etimología se refiere. La acepción actual de la RAE acaso sea otra batalla por solventar.
Gracias de nuevo y un saludo.
Simplemente por el hecho de ser filóloga te voy a empezar a seguir. Esta entrada es un voto a favor, claro está, pero me cuesta encontrar por internet a gente que le encuentre un valor a las palabras, su etimología, escritura y ortografía. No soy filóloga, pero les veo a las palabras un valor que pocos le dan.
Pingback: ¡No me toques las etimologías! | Noticias - d2.com.es
Te felicito, gran entrada en mi opinión, creo que me divertiré mucho ver tu blog con esas grandes verdades
Muy buena la entrada y muy esclarecedora. Gracias.
GENIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL!!!